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Previous booklet -- Next booklet 01. Conversación con musulmanes sobre Cristo 7 - LA PIEDRA DE TROPIEZO DE LA CRUZ EXPLICADA A LOS MUSULMANESHow can we bring the redemption of Jesus Christ to Muslims?El tercer y último obstáculo dogmático principal para que un musulmán se convierta al cristianismo es su creencia de que Cristo no fue asesinado, sino que solo pareció ser crucificado. ¿Cómo es posible compartir el Evangelio del Hijo de Dios crucificado con un musulmán a pesar de esta creencia contraria? Descúbralo leyendo nuestras sugerencias sobre cómo lograrlo basándonos en el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, el razonamiento lógico, el Corán y su testimonio personal. 7.01 -- La piedra de tropiezo de la cruz explicada a los musulmanes¿Cómo podemos llevar la redención de Jesucristo a los musulmanes?7.02 -- El rechazo de la muerte expiatoria de Cristo en el IslamCualquiera que hable con un Musulmán sobre Jesús y la salvación que logró puede llegar a un punto en la conversación en que el Musulmán ya no responde, sino que sonríe en silencio. Al preguntarle por el motivo de su humor, puede responder: ● ¡Ustedes, Cristianos, siguen un espejismo! ¡Ya están engañados! (Sura al-Fatiha 1:7) El Hijo de María no fue asesinado ni murió en una cruz (Sura al-Nisa' 4:157), al contrario, Alá lo elevó hasta sí mismo (Suras Āl 'Imran 3:55; al-Nisa' 4:158). Su crucifixión nunca tuvo lugar. ● Otros Musulmanes afirman que Alá es justo. Por lo tanto, salvó al inocente Cristo de las torturas de la cruz. En cambio, permitió que Judas, el traidor, fuera crucificado (Sura al-Nisa' 4:157). Incluso hoy, los Musulmanes siguen convencidos de la veracidad de esta postura. ● Quien profundice en las razones del rechazo de la crucifixión de Cristo en el Corán, encontrará un tercer argumento en el saco de engaños del padre de la mentira: ningún ser humano, según el Corán, tiene derecho a cargar con los pecados de otro delante del juicio de Alá (Suras al-An'am 6:154; al-Isra' 17:15; al-Fatir 35:18; al-Zumar 39:3; al-Najm 53:38), porque cada uno debe pedir su propio perdón al Santo. Según el Islam, cualquier sacrificio sustitutivo es imposible. ● El cuarto argumento en contra de la crucifixión de Cristo, según el Corán, es el siguiente: Alá no necesita un mediador, ni sacrificios de sangre, corderos ni sustitutos para perdonar pecados. Él es soberano, perdona a quien quiere y extravía a quien quiere (Suras al-An'am 6:39; al-Ra'd 13:27; Ibrahim 14:4; al-Nahl 16:93; al-Fatir 35:8; al-Muddathir 74:31). Si Alá seduce a alguien, nadie podrá ayudarlo jamás (Suras al-Nisa' 4:88,143; al-A'raf 7:178,186; al-Ra'd 13:33; al-Isra' 17:97; al-Kahf 18:7; al-Zumar 39:23,36; Ghafir 40:33; al-Shura 42:44,46). ● El quinto argumento, nacido de invenciones del inframundo, contra la necesidad de la muerte expiatoria de Jesús, es el más persistente. Muchos Musulmanes se consideran lo suficientemente buenos como para alcanzar la justificación por sus propios méritos. Creen que sus buenas obras anulan sus malas obras (Sura Hud 11:114). Confían en ser salvos si cumplen con todos los deberes ordenados por su ley (Shari'a). Por lo tanto, piensan que no necesitan un Redentor ni una cruz. Esta creencia Islámica es una herencia indirecta del fariseísmo Judío. ● Los juristas religiosos entre los Musulmanes afirman que Alá ha determinado de antemano el destino de cada ser humano, incluso cuando aún estaba en el vientre materno, y que sería imposible revertir la determinación de Alá. Creen que nada sucede en la vida de un hombre excepto lo que está escrito sobre él en el libro original del cielo. Por ello, no ven necesidad de alguien en la cruz ni de su muerte sacrificial por los demás. ● La mayoría de los Musulmanes desconocen estos distintos argumentos. Sin embargo, en resumen, existe un consenso cultural en la sociedad Islámica: la cruz de Cristo es un tema tabú para todos los Musulmanes. Ellos piensan que la cruz es una fachada para todo tipo de cruzadas políticas y religiosas que intentan destruir el poder y la cultura de los estados Islámicos. El odio hacia la cruz de nuestro Redentor tiene sus raíces profundamente en una esclavitud colectiva, que no puede superarse únicamente con la lógica. No servirá de mucho demostrar intelectualmente el hecho o el significado de la cruz de Cristo. Debemos orar por ellos, para que reconozcan la verdad y crean en ella. ¡Este espíritu anticristiano debe ser vencido y expulsado en el nombre de Jesús y en el amor de Dios! Si consideramos el rechazo de la crucifixión, los complejos enredos y mentiras, así como el odio colectivo hacia el Salvador Jesús, uno fácilmente podría perder la esperanza de llevar la salvación que Cristo logró a los Musulmanes. Sin embargo, quien reconoce las promesas del Antiguo Testamento como una preparación divina para la salvación, se mantiene firme en las verdades del Nuevo Testamento, y toma en cuenta fuentes seculares o versículos del Corán que contradicen su posición sobre la crucifixión de Cristo, puede testificar con confianza y seguridad, siguiendo el ejemplo del apóstol Pablo: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1) Estas cinco fuentes de verdad son más fuertes que las siete negaciones de los Musulmanes. ¡Proclamemos en oración la victoria de Cristo en la cruz, incluso sobre el Islam en todo el mundo! 7.03 -- Promesas sobre la muerte expiatoria del Mesías en el Antiguo TestamentoMuchos Musulmanes creen en la predestinación de todas las cosas. Cualquiera que pueda mostrarles que, según la Torá, los Salmos y los Profetas, el redentor prometido debía que morir en la cruz en nuestro lugar, y que estas profecías se cumplieron de manera exacta en la vida de Cristo, puede ayudar a los Musulmanes a creer en la muerte de Jesús en la cruz. Debemos estudiar las 333 promesas del Antiguo Testamento y su cumplimiento en el Nuevo Testamento para ajustarnos a la creencia de los Musulmanes en la predeterminación. El mismo Jesús venció a Satanás y a las dudas de Sus discípulos varias ocasiones con las palabras: "¡Está escrito!" (Mateo 4:4,6-7; Lucas 18:31; 21:22; 24:46; Juan 5:46 y otros). Moisés levantando la serpiente Con este ejemplo, Jesús se refería a la serpiente de bronce que Moisés tuvo que erigir por orden de Dios y colocar sobre una asta. Todos los que miraban a esta “imagen del mal”, horrorizados, eran sanados de inmediato, incluso si habían sido mordidos por una serpiente. ¿Por qué se comparó Jesús con la serpiente, considerada siempre el epítome de todo mal (Génesis 3:1-15)? Por amor, Jesús absorbió los pecados de todos los pecadores, de modo que parecía ser como el Maligno, pero permaneciendo Santo, como escribió Pablo en su carta a los Corintios: “Dios al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2 Corintios 5:21) Jesús enfatizó que no hay otra posibilidad de salvación para los que han sido extraviados por el Maligno, excepto Su muerte en nuestro lugar. Él quiso y tuvo que sufrir en la cruz por los pecados de todos los pecadores como nuestro sustituto. Jesús - el Cordero de la Pascua ● Así como, después del sacrificio, la sangre del primer cordero de la Pascua se pintó en el marco de la puerta de cada casa de los esclavos israelitas en Egipto, para que la ira y el juicio de Dios pasaran de largo, de la misma manera todo hombre que se coloque a sí mismo y a su familia bajo la protección de la sangre de Cristo será salvo de la ira y el juicio de Dios. Los Musulmanes tienen una vaga comprensión de este secreto, pues creen que la sangre de animales sacrificados podría protegerlos (Éxodo 12:7,13,22-23; Hechos 16:31). ● Así como los hijos de Jacob debían comer la carne asada del cordero de la Pascua en familia, en sus casas, para obtener fuerza para su éxodo de la esclavitud, de la misma manera Jesucristo, el verdadero Cordero de la Pascua, quiere habitar en quienes lo siguen, fortaleciéndolos para escapar de la esclavitud del pecado y de Satanás (Éxodo 12:3-6, 8-11, 43-48; Mateo 26:26; Juan 6:35, 48-59). ● Como no hay perdón sin derramamiento de sangre (Levítico 17:11; Hebreos 9:22), uno de los propósitos del eterno Cordero de la Pascua, Jesús, sigue siendo la expiación total, por los pecados de todos aquellos que se abren a la purificación mediante Su sangre, si confían en Su sacrificio y le agradecen por el poder de Su sangre (Hebreos 10:14). ● Jesús llamó a la sangre que derramó la sangre del pacto (Génesis 24:4-8; Mateo 26:27-28), en la que se unió a su iglesia para siempre. Quien entre en esta relación sellada por la sangre con fe debe ser Santo, como Dios es Santo (Levítico 11:44). Debe amar como Jesús amó (Juan 13:34) y perdonar a todos como Dios lo perdonó a él (Mateo 6:12, 14-15). Debemos ayudar a los Musulmanes a comprender que la Cena del Señor es el cumplimiento de la comida de la Pascua en el Antiguo Testamento. Quien cree en el Cordero de Dios será purificado de todos sus pecados y podrá experimentar a Jesús viviendo en él. El salmo del sufrimiento Hay más de diez profecías sobre el sufrimiento de Cristo en la cruz en este salmo. Quien esté dispuesto puede encontrar orientación para comprender y creer al comparar estos versículos con su cumplimiento en la muerte de Jesús en la cruz:
Quien considere estas profecías del Antiguo Testamento sobre la muerte de nuestro Señor Jesucristo en la cruz entenderá: ● ¡Cuánto debió haber sido casi despedazado Su cuerpo en la agonía del dolor, pero Él no gimió! ● ¡Cuánto debió sufrir Su Espíritu cuando Dios, ¡Su Padre, Lo abandonó por causa de nuestros pecados! No podemos comprender la profundidad de Su clamor: ¡Dios mío!, ¡Dios mío, por qué me has desamparado! (Salmo 22:2) A algunos comentaristas les parece impensable que Dios realmente haya abandonado a Su único Hijo amado. ¡Pero Jesús no miente! Él dijo: “¡Me has desamparado!” La lógica humana protesta: ¡Si Dios lo abandonó, esto sería una señal de que Jesús había pecado! La Biblia responde: Aquel que no conoció pecado llevó nuestros pecados. El pecado de todo el mundo pesaba sobre Él. ¡Por causa de nuestros pecados Dios lo abandonó! Algunos intentan hacer un compromiso y dicen que el Padre solo escondió Su rostro del Hijo y se le apareció como juez a causa de nuestros pecados. Sin embargo, la Biblia dice: ¡Él realmente lo abandonó! La Unidad de la Santa Trinidad se dividió y se rompió. ¡Esto significa el infierno! Es el comienzo del fin y la entrada a la oscuridad. Mateo y Marcos registran solo está de las siete palabras de Jesús en la cruz. Este clamor sigue siendo un tropiezo para la iglesia. Sin embargo, esta palabra expresa, más que cualquier otra de Jesús, ¡que nuestra salvación se ha completado! Jesús primero confesó: “¡Mi Dios! ¡Mi Dios!” Jacob luchó con el Señor en el río Jaboc, y el Señor quiso dejarlo. Pero Jacob no dejó ir al Señor a pesar de sentirse extremadamente culpable. Gritó: “¡No te dejaré ir a menos que me bendigas!” Por su fe, Jacob venció al Señor que juzga y recibió Su bendición (Génesis 32:23-32). En un nivel superior, Jesús no dejó ir al Dios que juzga. Se aferró a Su Padre, aunque Su Padre ya lo había abanonado. Pero por fe no dejó ir a Su Padre. Gritó y oró: “¡Dios mío! Sigues siendo mi Dios, aunque ya no pueda verte. ¡No te dejaré ir a menos que salves a mis seguidores!” La fe del Hijo en el amor y la fidelidad de Su Padre venció al Dios que juzga. Su fe es la victoria que ha vencido al mundo (1 Juan 5:4). ¡Por medio de Su fe hemos sido salvados (Juan 16:33)! Después de su lucha con el Dios Todopoderoso, Jacob recibió un nuevo nombre: ¡Israel! Este nombre significa: ha luchado con Dios y ha vencido. ¡Jesús es el verdadero y real Israel! Él luchó con Dios por la salvación de la humanidad y venció por medio de su fe. Se aferró a su Padre, aun en la desesperación cuando estaba lejos de Él. Oró en el minuto antes de su muerte: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu!” (Lucas 23:46), aunque ya no podía ver al Padre. Si meditas en estas promesas en el Antiguo Testamento y ves su cumplimiento en el Nuevo Testamento, te darás cuentas de que el Antiguo Testamento ya incluye al Nuevo Testamento. El Esclavo Sufriente de Dios Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades Estos tres versículos constituyen el núcleo de todo el capítulo. Se animó a un estudiante Musulmán en Casablanca a leer este pasaje delante de sus compañeros, y luego se le preguntó qué opinaba acerca de la persona de la que hablaba el pasaje. Tras una pausa reflexiva, respondió: “¡Si esta historia es cierta, entonces este hombre debió tener un gran amor!”. ¡El joven Musulmán captó el secreto del evangelio! ¿Por qué este Musulmán no rechazó esta descripción concentrada del sufrimiento de Jesús y de su muerte? La razón es que no tropezó con las palabras “cruz” y “Hijo de Dios”. ¡Ellas no están escritas en este texto! Por eso pudo comprender lo que realmente sucedió en la cruz. Isaías 53 habla del siervo de Yahvé que sufrió y murió bajo el juicio de Dios como sustituto de su pueblo pecador. Filipenses 2:7 confirma este testimonio, reflejando la confesión de Jesús, quien se llamó a sí mismo el siervo de todos (Mateo 10:28; 2 Corintios 8:9; Hebreos 2:14,17). ¿Qué puede decirnos Isaías 53 a nosotros y a todos los Musulmanes? A cambio, se nos concedió la paz con Dios y la sanidad de todas nuestras heridas, porque Él las llevó todas sobre sí. Su auto sacrificio sustitutivo es completo, garantizado, seguro y válido para siempre. El Cordero de Dios, torturado, tendrá muchos descendientes y completará el plan de salvación de Dios, también entre Musulmanes y Judíos. Él salvará a muchos de ellos de sus pecados y podrá vencer incluso a los más fuertes. Si memorizas todo el capítulo 53 de Isaías, desde el versículo uno hasta el doce, tendrás una herramienta poderosa para proclamar la victoria de Jesús sobre el Islam. Este texto debería ser distribuido, cuidadosamente presentado e impreso como un cartel (sin la cruz y sin la expresión “Hijo de Dios”). De esta manera, puede desarmar desde dentro, la negación de la crucifixión de Cristo. Otros versículos sobre la crucifixión del Mesías en el Antiguo Testamento Dios mató animales y derramó su sangre en el paraíso para cubrir la desnudez de Adán y Eva (Génesis 3:21). El hijo de Eva aplastará la cabeza de la serpiente con su calcañar y será envenenado por ella (Génesis 3:21; Apocalipsis 12:4,5,15-17). Quien sea colgado de un árbol está bajo la maldición de Dios (Deuteronomio 21:22,23; Hechos 5:30)! Le dieron vinagre para beber (Salmos 69:22; Mateo 27:33; Juan 19:29). En tus manos encomiendo mi Espíritu (Salmos 31:6; Lucas 23:46). El velo del templo se rasgó (Éxodo 26:31-33; Mateo 27:51). Ninguno de sus huesos fue quebrado (Éxodo 12:46; Juan 19:33-34). Mirarán a mí, a quien traspasaron (Zacarías 12:10; Juan 19:37; Apocalipsis 1:7. Las treinta monedas de plata en el Antiguo Testamento Les dije: “Si les parece bien, páguenme mi salario; de lo contrario, quédense con él”. Y me pagaron solo treinta piezas de plata. Entonces el Señor me dijo: «¡Vaya precio con el que me han valorado! (Zacarías 11:12-13a) En este texto, Yahvé, el Señor del pacto, dice: “¡Las treinta monedas de plata son el precio por el que me valoraron!” ¿Es Jesús Yahvé? ¿Se hizo el Señor del pacto hombre en Jesucristo (Isaías 40:3-5; 60:1-2; Lucas 2:11 y otros)? ¡Su traición por medio de Judas por treinta monedas de plata fue revelada a Zacarías mucho antes de que ocurriera! Una verdad eterna está escondida en los textos del Antiguo Testamento y en los versículos correspondientes del Nuevo Testamento, que dan testimonio de la muerte de Jesús en la cruz. Quien realmente quiera aprender podrá entenderlo. El llamado especial en el último libro de la Biblia también está dirigido a Musulmanes y Judíos: “¡El que tenga oído, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias!” (Apocalipsis 2:7 y otros) 7.04 -- La crucifixión de Jesucristo en el Nuevo TestamentoDesafortunadamente, muchos Musulmanes dudan en aceptar los relatos del Cristo sufriente y de Su muerte en la cruz como una verdad histórica. Sonríen y piensan: ¡pobres Cristianos! Sus intenciones son buenas, pero están perdidos en el desierto de sus imaginaciones y en sus ilusiones. Ellos ven tres Dioses en lugar de uno e imaginan que uno de ellos fue crucificado. La mayoría de los Musulmanes está convencida de que Cristo no fue crucificado. Sin embargo, no todos los Musulmanes piensan de manera tan radical. Algunos están dispuestos a escuchar los relatos de la crucifixión de Jesús o a verlos representados en una película. Dos Musulmanes vieron la película de Campus Crusade sobre la vida de Jesús. Después, uno le dijo al otro: “¿Por qué nuestros jeques siempre afirman que Cristo no fue crucificado? ¡Con mis propios ojos lo vi colgado en la cruz y muriendo!” Siempre que sea posible, debemos abrir uno de los cuatro relatos de la crucifixión de Cristo y poner el libro en las manos del Musulmán interesado, para que lo lea él mismo en voz alta y encuentre a Jesús en estas palabras. Jesús se presenta a Sí mismo: ¡Cualquiera que siga a Jesús se convertirá en siervo, no en amo! Esta es una nueva vía de pensamiento, completamente opuesta al pensamiento Islámico. Nuestro Dios es un Dios humilde, pero Alá es orgulloso (Sura al-Hashr 59:23). La línea Islámica se exalta continuamente, mientras que la línea de Cristo y de Sus seguidores se humilla constantemente. La cruz de Cristo exige un cambio en nuestra actitud; de lo contrario, nos hará tropezar. En el Islam, un terrorista que está dispuesto a sacrificar su vida para liberar a su país a menudo se llama a sí mismo como “redentor” (fida’i). Cristo es el verdadero redentor (faadí) que sacrificó Su vida para liberar a todos los que le siguen del juicio de Dios, del poder del pecado, de las astutas artimañas de Satanás y de la muerte eterna. Jesús compró nuestra libertad de todos los poderes negativos que nos atan. Él es siervo de los despreciados y redentor de los esclavos de Satanás. El amor y la humildad de Cristo son la clave para comprender Su muerte en la cruz. La necesidad absoluta del sufrimiento de Cristo Después del testimonio de Pedro (Mateo 16:16), Jesús honró al portavoz de Sus discípulos, pero quiso profundizar su comprensión del Mesías que reina hacia la realidad del Siervo sufriente de Dios. Le reveló que debía ir a Jerusalén, sufrir y morir allí, para ser levantado al tercer día (Mateo 16:21). Pedro, sin embargo, se horrorizó. Pensó que Jesús estaba sufriendo depresión y Lo animó: “¡Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca!” (Mateo 16:22). Jesús lo miró severamente, Lo llamó ¡Satanás! y le dijo: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres!” (Mateo 16:23). ¿Cómo se produjo un cambio tan repentino en la conversación entre Jesús y el portavoz de Sus discípulos? Pedro intentó impedir la crucifixión de Jesús, el objetivo y propósito por el cual Él se había hecho hombre. Jesús reconoció al instante la voz de Satanás en las palabras aparentemente bien intencionadas del apóstol, porque Satanás odia más que nada la cruz del Hijo de Dios, el lugar de su completa derrota. Las mismas palabras reveladoras de reproche podrían dirigirse también a Mahoma, quien permitió que Alá hiciera cualquier cosa para salvar al Hijo de María de Su crucifixión. Jesús explicó tres veces a Sus discípulos que la razón de Su venida era cumplir con Su sufrimiento y muerte inevitable (Mateo 16:21; 17:22-23; 20:17-18): “Vamos a subir a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los maestros de la ley. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que lo escarnezcan, lo azoten y lo crucifiquen. Al tercer día resucitará” (Mateo 20:18-19). Cuanto más se acercaba Jesús a Jerusalén, más consiente era de los detalles de su sufrimiento y muerte, incluyendo su resurrección. Él era más que un profeta. Era la Palabra de Dios en persona. Siempre hablaba con Su Padre en el cielo, quien Le revelaba con precisión los acontecimientos futuros. Un hombre normal y pensante podría objetar: “Si Jesús sabía todo esto, ¿por qué no huyó al extranjero o emigró, como Mahoma de La Meca a Medina? ¿Por qué no se escondió ni se disfrazó?” ¡Una necesidad divina lo impulsaba! Él sabía que no habría salvación para la humanidad sin Su muerte vicaria. ¡Obedeció la voluntad de Su Padre en el cielo hasta la muerte misma! ¡Esta necesidad les parece extraña y repulsiva a los Musulmanes! Jesús en Getsemaní El hombre Jesús, con Su alma y Su cuerpo, se estremecía ante el juicio de Dios que debía cumplirse en Su muerte. Pero el Hijo de Dios en Él venció la voluntad de la carne y se sometió fielmente a la voluntad de Aquel que Lo amaba. La cruz de Jesús no fue un paseo agradable ni una táctica, sino una verdadera lucha entre el cielo y el infierno. Jesús aceptó la voluntad infinita de Su Padre y oró segunda y tercera vez: “Padre mío, si no es posible que esta copa pase de mí sin que la beba, ¡que se haga tu voluntad!” (Mateo 26:42) El verdadero “Islam” o la entrega total, se hizo visible en esta lucha en oración de Jesús. Nadie Lo obligó a someterse a la voluntad de Su Padre; fue impulsado por un amor inquebrantable, confiando en la perfecta guía espiritual de Su Padre. El fracaso de los discípulos y la paciencia de Jesús ¿Cómo reaccionó Jesús? ¿Cómo remedió el fracaso de Sus amados? Oró por ellos mientras colgaba en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Completó solo la salvación del mundo y al final de Su agonía exclamó: “¡Consumado es!” (Juan 19:30). En este momento, Jesús también estableció la justificación de Sus discípulos caídos, aunque ellos no lo supieran. Salvó al mundo entero, incluyendo a todos los Judíos y a todos los Musulmanes, con Su salvación. ¡Jesús no tiene que morir de nuevo por los Musulmanes ni por los Judíos! Amó y ama a todos, incluso a aquellos que Lo odian. Él también espera por ellos. El oficial Romano responsable quería asegurarse de la muerte definitiva del "Rey de los Judíos" y le clavó una lanza bajo las costillas, justo en el corazón. Esta estocada habría bastado para matar a Jesús. Sin embargo, la tortura de la cruz ya había cumplido su propósito. La estocada sirvió como prueba de la verdadera muerte de Jesús. ¿Cómo puede entonces Mahoma decir: “¡No lo mataron! ¡No lo crucificaron! ¡Solo se les apareció!” (Sura al-Nisa' 4:157)? Cuando Jesús resucitó de entre los muertos y se apareció en Su cuerpo glorificado a Sus discípulos, escondidos y temerosos tras las puertas cerradas, no los reprendió por su huida, sino que los saludó: “¡La paz sea con ustedes!” (Juan 20:19). Al no comprender que realmente era Él, Les mostró las heridas en Sus manos y pies traspasados, y la herida en Su costado (Juan 20:20). Entonces reconocieron que Jesús, crucificado y sepultado, estaba realmente vivo, ¡de pie en medio de ellos! Después, el Señor resucitado volvió a enseñarles el plan de salvación en el Antiguo Testamento. Durante estos 40 días, les mostró en la Torá, los Salmos y los Profetas que Cristo debía sufrir para entrar en Su gloria (Lucas 24:26-27). Abrió sus mentes para que pudieran entender las Escrituras y les aseguró: “Esto es lo que está escrito: el Cristo debe sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día” (Lucas 24:46). Jesús mismo nos guía hacia el método correcto para servirle entre los Musulmanes. Cuando los buscadores Musulmanes, tras un tiempo de interés genuino en el mensaje de Cristo, se alejan y no permanecen en la fe, tal como hicieron los primeros discípulos de Jesús: ¡Entonces, nuestra tarea es reunirlos de nuevo y comenzar las lecciones bíblicas desde el principio, tal como hizo Jesús con Sus discípulos! El gran avance ¿Qué respondió la multitud Judía, conmocionada? ¡Nada! Ni una sola palabra. Nadie de entre la multitud gritó: “¡Cállense! ¡No lo matamos, no lo crucificamos!”; más bien, permanecieron en silencio. El silencio de los Judíos es una prueba del hecho histórico de que Jesús fue crucificado. Si hubieran tenido la mínima oportunidad de negar la culpabilidad de esta crucifixión, habrían gritado y protestado fuertemente. Sin embargo, permanecieron todos en silencio. Ellos mismos gritaron: “¡Crucifíquenlo, crucifíquenlo!” (Mateo 27:22-26; Juan 19:15). Pedro y los apóstoles repitieron su llamado al arrepentimiento en varias ocasiones y dieron testimonio de la impactante verdad del Mesías crucificado ante la multitud en el templo, después de la sanidad de un hombre cojo, y ante el Sanedrín. Ninguno de los sumos sacerdotes ni maestros de la ley pudo refutar su testimonio, porque todos habían participado en la crucifixión de Jesús como testigos presenciales (Hechos 2:36; 3:13-15; 4:10; 5:30; 7:52 y otros). Quien comprenda las consecuencias del testimonio de los apóstoles en estos siete versículos de Hechos y perciba la insensibilidad de estos Judíos, puede encontrar allí una fuerte evidencia de la realidad de la crucifixión de Jesús. Los Musulmanes saben que ningún hombre se dejará llamar asesino a menos que esté claramente condenado por asesinato. Estos siete versículos, por lo tanto, prueban el hecho de la crucifixión de Cristo. También debemos reconocer que los apóstoles no pudieron dar testimonio de la crucifixión de Jesús y de Su resurrección como la gran victoria de Dios, hasta que el Espíritu Santo entró en sus corazones. Hubieran permanecido en silencio, incapaces de comprender lo que había sucedido, durante mucho tiempo. Al testificar a los Musulmanes, nuestra explicación y enseñanza serán de poca utilidad, hasta que el Espíritu Santo ilumine sus mentes, tal como escribió el Dr. Martín Lutero: “Creo que no puedo creer en Jesucristo, mi Señor, ni acercarme a Él por mi propia lógica o fuerza de voluntad, sino que el Espíritu Santo me ha llamado mediante el evangelio, me ha iluminado con Sus dones, me ha purificado y me ha mantenido en la fe correcta, así como Él llama y reúne a todos los creyentes cristianos en la tierra y los mantiene en la verdadera fe unida.” La oración para la preparación y apertura de las mentes de los Musulmanes y la renovación de sus corazones por medio del Espíritu Santo es tan importante como un testimonio sabio sobre el Salvador resucitado, especialmente preparado para el contexto Musulmán. 7.05 -- Fuentes Seculares sobre la Crucifixión de JesúsMuchos Musulmanes no están dispuestos a escuchar el testimonio de la Biblia, porque se les ha enseñado que la Biblia ha sido falsificada. Para tales amigos engañados, especialmente si son intelectuales, debemos hacer todo lo posible por encontrar indicios sobre la crucifixión de Cristo en fuentes seculares, que nada o poco tienen que ver con la enseñanza Cristiana. Dos famosos historiadores antiguos relataron la muerte de Jesús, el hijo de José de Nazaret. Uno de ellos es Tácito en su libro Anales, y el otro es Flavio Josefo en su libro La Guerra de los Judíos. Josefo informa en detalle acerca de Jesús y su crucifixión bajo Pilato en el volumen VIII, capítulo 3:3. Ambas obras históricas son reconocidas internacionalmente y pueden ayudar a los Musulmanes rectos a reconsiderar la realidad de la muerte de Jesús. Lo mismo ocurre con el Talmud Belga. Los Judíos vivieron durante algún tiempo en Bélgica entre Cristianos y tuvieron que dar respuestas cuando se les culpaba por la crucifixión de Jesús. Ellos escribieron que Jesús, el hijo de José, simplemente murió. Esta nota en el Talmud contrasta con el rechazo de Jesús por parte de fanáticos ortodoxos que decretaron: “¡su nombre será olvidado y borrado de toda memoria. Nunca más podrá mencionarse su nombre entre nuestro pueblo!” Se encontró una nota burlona sobre Jesús inscrita en el sótano del Paladio en Roma. Una gran cruz estaba grabada en una pared y un hombre con cabeza de asno colgaba de ella. Debajo de la cruz se puede ver a un soldado Romano arrodillado adorando al crucificado, mientras otros soldados Romanos se burlan de Él. Esta representación de Jesús muestra claramente que la crucifixión de Jesús ya era conocida entre los Romanos seculares y discutida públicamente, puesto que algunos soldados Romanos comenzaron a creer en el Salvador al que ellos mismos habían ejecutado. Existen más indicios del hecho histórico de la crucifixión de Jesús que pueden hacer reflexionar a todo Musulmán. Durante el gobierno de Gamal Abdel Nasser en Egipto, el difunto Papa Juan XXIII intentó eximir a los Judíos que viven hoy de la culpa de haber asesinado a Jesús. Sin embargo, el presidente Egipcio reaccionó furiosamente y respondió al Papa en la televisión y otros medios: “¡Hemos entendido tu plan! ¡Quieres justificar a todos los Judíos e Israel! ¡Nunca permitiremos esto! ¡Sabemos quién mató a Cristo: los Judíos lo crucificaron y nadie más!”. Líderes Musulmanes, obispos Cristianos, sacerdotes, pastores y otras personas responsables sonrieron. Era evidente que, con tal de condenar a Israel, Gamal Abdel Nasser estaba dispuesto a admitir que el Corán estaba equivocado. Según la ley de la Sharía, los juristas teológicos de la Universidad de al-Azhar en El Cairo o de otros centros Islámicos deberían haber protestado y corregido la declaración de Nasser en el plazo de un mes, de lo contrario recibiría validez general. Sin embargo, los eruditos temían al dictador o, tal vez, no querían que Israel fuera justificado. Lo importante es que los dignatarios Islámicos permanecieron en silencio y, así, por los principios de la Sharía, admitieron indirectamente que sabían que Cristo fue realmente crucificado. Sin embargo, no podían admitirlo abiertamente, porque eso contradeciría el conocido versículo del Corán. ¡En todo caso, con tal de condenar a Israel, aceptaron el mal menor! Hoy en día, los Judíos liberales y moderados, que se disocian del fanatismo de los Judíos ortodoxos, viven en el Estado de Israel. Muchos de ellos intentaron explorar el fenómeno de Jesús con el fin de traer de vuelta a este gran hermano perdido a Su pueblo. Confirmaron el nacimiento de Jesús en “Nazaret”, pero se preguntaron si podría tratarse de un caso de violación por parte de un soldado del poder Romano ocupante. Discutieron Sus enseñanzas y milagros. Pero, ¿qué escribieron acerca de Su muerte? ¿Negaron Su crucifixión como lo hizo Mahoma? ¿Cuál fue su respuesta a esta incómoda pregunta? Describen la ejecución de Jesús como un ¡error legal! No cuestionan el hecho de Su crucifixión. Todos los Judíos, al unísono, negarían la crucifixión de Jesús para librarse de la carga de 2000 años en su historia, si existiera aunque fuera la más mínima posibilidad. Pero saben que los hechos históricos no pueden cambiarse y hablarán por sí mismos. 7.06 -- Versículos útiles en el Corán que hacen imaginable la muerte de JesúsSi estudias las diferentes declaraciones de Mahoma sobre la muerte de ‘Isa en el Corán, puedes encontrar contradicciones y un endurecimiento progresivo de su actitud hacia la cruz. Comienza con una aceptación tolerante de su muerte y llega a una negación ambigua pero consecuente de la muerte de Jesús. Sin embargo, existen ciertas debilidades en estos versículos, así como posibles indicios de la cruz de Jesús, que presentamos aquí para tu testimonio a los Musulmanes. La ejecución de los profetas por los hijos de Israel se presenta y se condena diez veces en el Corán (Suras al-Baqara 2:61,87,91; Āl ‘Imran 3:21,112,181,183; al-Nisa’ 4:155,157; al-Ma’ida 5:70). Una de estas referencias dice: “Le dimos a ‘Isa, el Hijo de María, las señales claras y lo fortalecimos con el Espíritu de santidad. ¿Acaso, cada vez que un mensajero viene a ustedes con algo que no les gusta, llaman orgullosamente a algunos de ellos mentirosos y a otros los matan?” (Sura al-Baqara 2:87) Tales versículos fueron escritos durante la época de Mahoma en Medina. Él no negó la ejecución repetida de los profetas en el Antiguo Testamento, pero los presentó como cargos contra los Judíos. Sin embargo, no podía imaginar que el Hijo de María también fuera apedreado, aunque lo relacionara directamente con los profetas ejecutados (Suras al-Baqara 2:87; al-Nisa’ 4:157). La lógica del Corán, por lo tanto, parece requerir también la muerte de Jesús. La muerte de Jesús en el Corán “La paz sea sobre mí el día en que nací, el día en que moriré y el día en que seré enviado vivo.” (Sura Maryam 19:33) Mahoma reveló esta declaración de ‘Isa para justificar a su madre María y mostrar que su hijo no era un niño ilegítimo. Su nacimiento fue bajo el favor de Alá y su paz. Aquí, la encarnación de la Palabra de Dios y Su Espíritu en Cristo brilla en el Corán (Suras Āl ‘Imran 3:45; al-Nisa’ 4:171; Maryam 19:20; al-Anbiya’ 21:91; al-Tahrim 66:12 y otros). También es un eco del canto de los ángeles en los campos de Belén (Lucas 2:14). Cristo aparece en el Corán como un hombre de paz. No pecó (Sura Maryam 19:19), no fue un malhechor violento (Sura Maryam 19:32). No participó en guerras, asesinatos ni discursos hostiles. Cristo fue un pacificador, que es el significado literal de la palabra Musulmán. Él es el único verdadero Musulmán, el Príncipe de la paz. Este versículo (Sura Maryam 19:33) también revela una declaración clara y definitiva sobre la muerte de Cristo. Estas palabras siempre han sido un obstáculo para los comentaristas Musulmanes. Torcieron su significado y escribieron que, sin duda, ‘Isa tendría que morir, pero no en su primera vida terrenal, sino sólo después de su segunda venida. Regresaría para destruir primero al Anticristo, luego matar a todos los cerdos y eliminar todas las cruces. Después se casaría, tendría hijos y convertiría a todos los hombres (incluidos todos los cristianos) al Islam. ¡Sólo entonces moriría! Su muerte sería el “conocimiento de la hora final” (Sura al-Hujurat 49:61). Después de su entierro junto a Mahoma en Medina, Alá mismo aparecería el día del juicio, resucitaría a Mahoma y a Cristo de entre los muertos y los pondría en tronos para que participaran en el juicio del mundo. Un análisis gramatical puede ayudarte a superar esta astuta tergiversación. El versículo 23 no contiene la palabra "saufa", que por sí sola trasladaría la muerte de ‘Isa a un futuro lejano, sino que habla de su cercana muerte natural, en una secuencia natural de nacimiento, muerte y resurrección. Todas las demás interpretaciones son sueños o mentiras para ocultar la realidad de la muerte de Jesús. Hay un versículo similar en la Sura Maryam sobre Juan el Bautista (Yahya), que debería degradar a ‘Isa al nivel de Yahya. Aquí, Jibril, mensajero de Alá, dice, “La paz será sobre él el día que nazca, el día que muera y el día que sea enviado vivo.” (Sura Maryam 19:15) Se sabe que Juan fue decapitado y enterrado. Este hecho se describe en el mismo contexto de acontecimientos que los de ‘Isa: primero el nacimiento, luego la muerte y finalmente la resurrección. Sin embargo, en el caso de ‘Isa, los comentaristas tergiversaron deliberadamente este orden para eliminar la posibilidad de una muerte en la cruz. Quizá Mahoma presentó a ‘Isa y Yahya juntos para mostrar que ‘Isa no sería de naturaleza divina. Pero, a pesar de esto, permitió que ‘Isa se presentara a sí mismo como si estuviera dando una “revelación” celestial, mientras que Yahya solo fue presentado por Jibril. En el Corán, ‘Isa está por encima de Yahya. El Hijo de María aparece como un espíritu de Alá en carne y como Su palabra hecha encarnación, mientras que Yahya fue solo un niño nacido normalmente de padres conocidos. Según el Corán, ‘Isa vivió sin pecado (Suras Āl ‘Imran 3:45; al-Nisa’ 4:171; Maryam 19:19 y otros). Por lo tanto, no tuvo que morir por su propia culpa. Esto permite la interpretación de que Él llevó los pecados de toda la humanidad y murió en su lugar, reconciliando al Creador y al mundo mediante Su muerte expiatoria. En el Corán, ‘Isa confirma que la paz de Alá reposará sobre él incluso el día de su muerte. El más engañoso “Ellos engañaron, y Alá engañó, y Alá es el mejor de todos los engañadores, porque dijo: ‘¡Oh ‘Isa, ¡te dejaré pasar (morir) y te levantaré hacia mí!’ (Sura Āl 'Imran 3:54-55) Según el Corán, los astutos eran los Judíos. Ellos intentaron en secreto matar a ‘Isa, pero Alá descubrió de antemano su plan de asesinato. Sin embargo, Alá fue más astuto que todos ellos, dejó que Jesús muriera en paz y luego lo elevó al cielo, ante su presencia. ¿Cuál fue este “mayor de todos los engaños” que se le atribuye a Alá según el mismo Corán? ¡Él salvó a Cristo de una muerte violenta por lapidación o crucifixión! De esta manera, Mahoma intentó sigilosamente abolir la cruz de Cristo simplemente al no mencionarla. Tres expresiones relacionadas con este “engaño filantrópico” se destacan del resto de las palabras en este versículo. Para abolir la cruz de Cristo, ¡Mahoma llamó a Alá el más astuto de todos! La Biblia usa esta horrible frase sólo para “la serpiente” en el paraíso (Génesis 3:1). ¡Ante la cruz, el espíritu del Islam tuvo que confesar quién era y quién es realmente! Alá tuvo que revelarse ante la cruz como “el mejor de todos los engañadores” (khair-ul-maakirin)! Debemos comprender las consecuencias de gran alcance de esta afirmación Coránica para nosotros y para nuestros amigos. En Efesios 6:11-20, Pablo ordena a todos los siervos de Cristo que no intenten romper las ataduras demoníacas colectivas por su propio poder y sabiduría, sino que oren, crean y sirvan únicamente en el nombre de Jesucristo y en el poder de Su Espíritu. Donde la cruz de Cristo es negada astutamente, salimos de la esfera de la lógica y entramos en el ámbito de los espíritus y los demonios. La sangre de Cristo sigue siendo nuestra única protección (1 Juan 1:5–2:2), y Su Espíritu es nuestro único poder (Hechos 1:8) La otra palabra en este texto es “mutawaffika”. Alá dice: «Te dejaré partir». Esta palabra tiene varios significados. También expresa la idea de “quedarse suavemente dormido” o de “concluir la vida con éxito”. Mahoma usó esta palabra compleja para satisfacer tanto a los Cristianos como a los Musulmanes. Para los primeros, Él había muerto; para los otros, no. En su opinión, ‘Isa había sido arrebatado al cielo sin dolor. Mahoma fue inteligente, habló no solo en dos, sino, si era necesario, incluso en tres sentidos, usando una sola palabra. Las traducciones Turca e Indonesia usan para esta palabra del Corán el equivalente de “Te dejaré morir en paz”, porque ese es el significado más cercano a la raíz de esta palabra. Sin embargo, algunos otros traductores luchan con esta expresión para agradar a los comentaristas Islámicos. Mahoma solía decir: «¡La guerra es engaño!». La Guerra Santa, que incluye discutir con Cristianos y Judíos, está por lo tanto llena de engaños y artimañas. ¡Debemos cambiar nuestro enfoque y volvernos sabios! No todo lo que se dice en el islam significa realmente lo que aparenta decir. Después de que Mahoma declarara que la cruz de Cristo había sido evitada y erradicada mediante el “engaño más astuto” de Alá, suspiró aliviado e intentó satisfacer a la delegación de Cristianos del norte de Yemen, que (según la biografía de Mahoma escrita por Ibn Hisham) había venido a Medina para discutir asuntos de fe con él. ¡Hizo que Alá elevara a ‘Isa hacia sí mismo! Esta es una declaración sensacional en el Corán. ¡Cristo está vivo! ¡Mahoma está muerto! Según el Corán, ‘Isa hoy vive con Alá y conversa con Él (Suras Āl ‘Imran 3:55; al-Nisā’ 4:158; al-Mā’ida 5:110-111, 116-118; al-Anbiyā’ 21:28 y otros). Mahoma, en cambio, espera en un estado intermedio (Barzakh) la resurrección de los muertos y el día del juicio. Por esta razón, todos los musulmanes tienen que orar por él, para que tenga paz, cada vez que pronuncian el nombre de Mahoma (Sura al-Ahzab 33:56). El espíritu detrás del Islam puede tolerar a un Cristo vivo y que ha de regresar, e incluso integrarlo en su sistema de fe Musulmán, ¡pero jamás puede aceptar Su cruz y Su deidad! Por lo tanto, las advertencias de Pablo y de Juan también se aplican al Islam (Gálatas 1:8-9; 1 Juan 2:21-27; 4:1-5). Todo diálogo misionero con Musulmanes, debe, por tanto, no solo entablar amistad, sino también incluir oraciones por su liberación de la esclavitud colectiva. Mahoma sabía por qué advertía a sus seguidores contra cualquier tipo de amistad con personas de otras religiones, especialmente Cristianos (Suras Āl ‘Imran 3:28; al-Nisā’ 4:89; al-Anfāl 8:73; al-Mumtaḥana 60:1,9). No debemos temer el contacto con Musulmanes, porque la bendición de Cristo es más fuerte que la maldición de Mahoma (Mateo 5:44-45; Suras Āl ‘Imran 3:61; al-Tawba 9:29 y otros). La palabra específica que incluye el significado de “quedarse suavemente dormido” se usa por segunda vez en el Corán para la muerte de Cristo (Sura al-Mā’ida 5:117). Allí, el Hijo de María habla personalmente con Alá en una conversación directa, tras Su ascensión, y confirma que el Todopoderoso lo había dejado partir y había asumido la responsabilidad de Sus discípulos en Su lugar. La muerte apacible de Cristo se presenta en el Corán de dos maneras: ¡una como algo aún próxima de suceder, en tiempo futuro cercano, y otra como ya completada, en tiempo pretérito perfecto, de modo que el lector del Corán quede convencido de que Cristo nunca fue crucificado, sino que fue transportado sin dolor a la presencia de Alá! La negación final de la crucifixión de Cristo “Los Judíos dijeron: “Hemos matado al Mesías, ‘Isa, el hijo de María, el Mensajero de Alá”. ¡No lo han matado, no lo han crucificado, sólo se les presentó cono tal! En verdad, quienes discrepan acerca de él, dudan de él. No conocen (la realidad) sobre él, sino que siguen suposiciones. Ciertamente no lo crucificaron, sino que Alá lo exaltó. Alá es poderoso y sabio.” (Sura al-Nisa' 4:157-158) Este texto contiene varias trampas: ● ¡Es poco probable que los Judíos en Medina confesaran públicamente que el Hijo de María era el verdadero Mesías y mensajero de Alá! No creían ni en el nacimiento virginal de Jesús, ni en Su encarnación. Lo rechazaron por completo como Mesías y lo llamaban aliado de Belcebú, el más alto de los demonios (Mateo 12:22; Marcos 3:22-27; Lucas 11:14-23). Esta afirmación en el Corán no pudo tener su origen de los Judíos, porque ellos no reconocían a Jesús como mensajero de Dios, sino que ocultaron y eliminaron su nombre por completo. Sin embargo, es concebible que los judíos quisieran advertir a Mahoma de que no debía seguir molestándolos ni amenazándolos; pues de lo contrario, ellos lo matarían, tal como habían matado a su “Mesías Coránico” ‘Isa. Es posible que hayan usado irónicamente el título de Mesías como una amenaza burlona. ● Mahoma fue amenazado varias veces por los Judíos en Medina, así como por los mercaderes de La Meca. Pero se tranquilizó diciendo: “Alá es fiel. Es imposible que entregara al fiel ‘Isa, en manos de los Judíos. De lo contrario, sería concebible que yo también pudiera caer en sus manos”. Por la fidelidad de Alá y su propia seguridad, rechazó su amenaza y respondió furioso: «¡No lo mataron! ¡No lo crucificaron!" ● Mahoma no dijo en ningún momento que Jesús no fuera asesinado ni crucificado. Solo enfatizó que no fueron los Judíos quienes ejecutaron a Cristo. Tal vez había oído que los Judíos solían crucificar a sus enemigos, aunque normalmente los apedreaban. Bajo el poder Romano de ocupación, ni siquiera tenían derecho a condenar a muerte ni ejecutar a nadie. ¡Por lo tanto, Mahoma, en cierto sentido, tiene razón! Los Judíos no mataron ni crucificaron a Jesús. Esta afirmación del Corán, en este sentido, es correcta, y nuestra aceptación puede reducir la tensión entre Cristianos y Musulmanes. En todo el mundo se sabe que los Romanos crucificaron a miles de esclavos rebeldes y criminales extranjeros. Por lo tanto, este versículo del Corán deja abierta la posibilidad de que fueran los Romanos quienes realmente crucificaron a Jesús. Hoy en día, los Musulmanes liberales que buscan tender un puente hacia el Cristianismo, confiesan abiertamente esta posibilidad sincrética de interpretación del Corán. ● Mahoma usó una forma inusual pasiva para explicar que Cristo fue hecho “similar” a un crucificado a los ojos de los Judíos (shubbiha lahum). Negó la crucifixión de Cristo como hecho histórico, pero afirmó en cambio que solo se le hizo aparecer como un “crucificado”, como un fantasma. Mahoma pudo haber oído hablar de una secta cristiana en el valle del Nilo que sostenía que era impensable que el gran Dios se hubiera hecho humano y tuviera que satisfacer todas las necesidades humanas. Creían que Dios solo aparecía como un hombre, pero que nunca se encarnó realmente. También enseñaban que Cristo, como verdadero Dios, no pudo haber muerto ni haber sido crucificado, ¡sino que solo apareció! Cuando Mahoma escuchó esta herejía, de inmediato vio su oportunidad y exclamó: “¡Pobres Cristianos! Piensan y creen que Cristo murió por ellos en la cruz, pero solo se les apareció. ¡Nunca fue crucificado!” Mahoma, fue influenciado o engañado varias veces por sectas Cristianas. Los comentaristas Musulmanes han puesto mucha fantasía al interpretar esta forma pasiva “se le hizo aparecer así ante ellos”. Las siguientes historias poco realistas todavía circulan hoy entre los Musulmanes en ciertos países: - Algunos dicen: Simón que de Cirene fue obligado por los soldados romanos a llevar la cruz por Jesús, azotado y debilitado. Cuando llegaron al lugar de la crucifixión, por error crucificaron a Simón en lugar de Cristo. El Hijo de María se marchó libremente. - Otros dicen: ¡Alá es justo! Puso la imagen de Jesús en el rostro de Judas, de modo que Judas fue crucificado. ‘Isa, sin embargo, a quien se le hizo la imagen de Judas, salió ileso. Cuando un Cristiano ortodoxo escuchó esta historia, objetó ante los Musulmanes diciendo: “¿Acaso creen que María, la madre de Jesús, estando bajo la cruz de Jesús, no sería capaz de distinguir a su hijo de Judas colgado sobre ella? ¿O creen que Alá engañaría a la mejor de todas las mujeres de este mundo y del próximo (Sura Āl ‘Imran 3:42) y la haría sufrir horas de luto por el traidor moribundo, mientras su propio hijo ya había escapado?” Ambas teorías son impensables. - Otros afirman: Cristo fue realmente crucificado. Entonces un eclipse trajo oscuridad sobre la tierra, y la mayoría de las personas se escondieron por miedo a los demonios. Después, siguió un fuerte terremoto que los sacudió a todos; incluso los soldados Romanos buscaron refugio. Cuando todos se habían ido, Cristo quedó colgado solo en la cruz del Gólgota, por lo que descendió de ella y -según dicen los Musulmanes Ahmadíes- caminó hasta Kashmiri, donde murió de manera natural. Sin embargo, en el mausoleo de ‘Isa en Srinagar, vimos con nuestros propios ojos que no fue Cristo, el Hijo de María, quien fue enterrado allí, sino el abuelo de una noble familia Kashmiri, un jeque Musulmán llamado ‘Isa, y que su tumba fue erróneamente atribuida a ‘Isa el Cristo por la secta Ahmadíes. 7.07 -- La gracia especial de reconocer el pecadoIntentar convencer a los Musulmanes sobre la crucifixión de Jesús como un hecho histórico, tiene poco efecto mientras ellos mismos no busquen una explicación. El mayor problema en el ministerio entre los Musulmanes es su convicción de que no necesitan un redentor, mediador ni un sacrificio expiatorio. No son conscientes de su profunda pecaminosidad. Piensan que pueden equilibrar sus malas acciones con las buenas (Suras Hūd 11:114; al-‘Ankabūt 29:7; al-Fāṭir 35:29-30). De nada sirve explicarles la crucifixión de Cristo mientras crean que no necesitan un sustituto o salvador. ¡Están convencidos de que son suficientemente buenos por sí mismos! Hacerles entender cuán perdidos y condenados están, al igual que toda la humanidad, es a veces incluso más importante que comprendan que existe una justificación disponible mediante la muerte de Cristo en la cruz. ¡Primero deben aprender que, sin la intervención de Dios, todos irán al infierno! Los Salmos de arrepentimiento ofrecen gran ayuda para subrayar esta realidad (Salmos 6:2-10; 32:1-11; 38:2-32; 51:3-19 y otros). Recomendamos que los Musulmanes memoricen el Salmo 51, de modo que todo su subconsciente se llene con el espíritu de arrepentimiento. La fe de un Musulmán a menudo no penetra de la cabeza al corazón, sino al contrario, del corazón a la cabeza. Esta es una realidad oculta. Cuando a un antiguo jeque Islámico se le pidió recitar el Salmo 51 para un programa de radio, de manera similar a la recitación del Corán, de repente las lágrimas rodaron por sus mejillas. No solo había leído el texto con atención, sino que lo había orado y se reconoció a sí mismo como pecador. El Salmo 51 es una escuela de arrepentimiento para todos nosotros. Nos muestra quiénes somos. Estos versículos contienen una guía profunda para todas las personas satisfechas consigo mismas: Sl 51:3 El pecador en el Salmo 51 pide misericordia y gracia. David comprendió que no tenía derecho a esperar perdón. Pide que el Señor borre todos sus pecados, no solo algunos de sus errores, y que lo haga según la misericordia ilimitada de Dios. Sl 51:4 Se sentía impuro en su cuerpo, alma y espíritu, y pidió una limpieza completa de sus pecados repugnantes. Sl 51:5 Reconoció dolorosamente la magnitud de su pecado. Este lo consumía. El Espíritu Santo no le daba descanso. ¡No podía pensar con normalidad ni dormir en paz! Sl 51:6 Entendió que el pecado significa rebelión contra Dios, el Creador y Juez. Reconoció que un pecado no es solo un error o una acción incorrecta, sino una ofensa contra la dignidad y santidad de Dios. Confesó: “Tienes razón, no importa cómo me juzgues. Me he vuelto increíblemente culpable y he perdido mis derechos”. Sl 51:7 Estoy completamente contaminado. Desde que mi madre me concibió, heredé la carne y el espíritu pecaminoso de mis antepasados. desde mi juventud he sido formado en el mal. Mi carne, mi espíritu, mi corazón, mi voluntad están profundamente corrompidos. Sl 51:8 Señor, Tú quieres escuchar la verdad. Confieso todos mis pecados ocultos. Me has mostrado quién soy realmente. Sl 51:9 Si el hisopo, una planta utilizada antiguamente para desinfectar, pudiera serme útil, lávame por dentro y por fuera con él. Límpiame completamente de mis pecados, y entonces seré más blanco que la nieve. Sl 51:10 Devuélveme mi alegría, porque contigo la desesperación no es la solución definitiva. Has quebrantado mi orgullo, pero también puedes consolarme en lo más profundo de mi ser. Sl 51:11 No te escondas de mí; háblame solo una palabra: ¡Perdona, borra y elimina todas mis transgresiones! Sl 51:12 ¡Soy un caso desesperado! Solo una nueva creación en mí puede salvarme: 12 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu firme dentro de mí. Debemos pedir la gracia de Dios para que los Musulmanes reconozcan su vida pecaminosa, de esta o de cualquier otra manera, así como nosotros mismos necesitamos arrepentirnos junto con ellos. Este Salmo puede guiar a toda persona que ora al arrepentimiento, hasta que finalmente comprenda que solo un espíritu quebrantado y un corazón contrito pueden agradar a Dios. Otros siervos de Cristo utilizan los Diez Mandamientos, la Caída de Adán (Génesis 3:1-4,16) y especialmente la visión de Isaías 6:1-8 para quebrantar el orgullo de los Musulmanes autosuficientes. Cuando Isaías comprendió la santidad de Dios, el noble sacerdote y profeta exclamó horrorizado: “¡Ay de mí, que soy muerto! Porque siendo hombre de labios inmundos, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, el Señor de los Ejércitos” (Isaías 6:5) Debemos pedir a Jesús que se revele a los Musulmanes autosuficientes, para que sus corazones se ablanden y comprendan el gran amor y la santidad del Señor, clamando así por misericordia. Sin el reconocimiento del pecado difícilmente habrá verdadero arrepentimiento o perdón. Por eso, antes de hablar de la cruz, debemos explicar a un Musulmán el significado de la vida pecaminosa. Aun así, esta comprensión sigue siendo un don de gracia de nuestro Salvador (Romanos 2:4). Debemos orar por con fervor. ¿Irán todos los Musulmanes al infierno? “No hay ninguno de vosotros que no haya de entrar en él (el infierno). Algunos siervos del Señor descubrieron que estos versículos hicieron entrar en razón a varios Musulmanes como una especie de terapia de choque. Sin embargo, la esperanza Islámica de redención del fuego inevitable se basa en el cumplimiento de la Shari'a, la ley Islámica. Solo Jesús pasó por el infierno de la ira de Dios en nuestro lugar, para que no seamos juzgados ni condenados (Juan 3:18-23; 5:24 y otros). Su amor revela nuestro egoísmo, orgullo y pecado, para que aceptemos con gratitud su salvación completa y su vida eterna. 7.08 -- El Cordero de DiosTan pronto como Jesús concede a un Musulmán la gracia de reconocer sus propios pecados y condenación, debemos guiarle al Cordero de Dios como la única cura, porque Él llevó el pecado del mundo, incluyendo la culpa de todos los Musulmanes (Juan 1:29-34; 1 Juan 2:1-2 y otros). En su fiesta de Adha, al final de su peregrinación a La Meca, y simultáneamente en todos los países Islámicos, los Musulmanes sacrifican corderos, ovejas, carneros o camellos, uno por cada familia, para asegurar que la bendición de Alá permanezca sobre ellos. Sin embargo, desconocen el significado de las ofrendas de sangre del Antiguo Testamento, ni la posibilidad de que estas sustituyan nuestros pecados y nos reconcilien mediante su sangre derramada. Por lo tanto, puede ser útil para algunos Musulmanes enseñarles las leyes sobre el pecado y los holocaustos del Antiguo Testamento (Levítico 4:4,14,24,33 y otros), o sobre el chivo expiatorio en el gran día de la reconciliación (Levítico 16:6-10). De esta manera pueden acercarse más al verdadero y santo Dios, y comprender mucho mejor el propósito de los sacrificios animales en el Antiguo Testamento. Una meditación sobre el Cordero de la Pascua, tal como Jesús lo instituyó con Sus discípulos al introducir la Cena del Señor puede conducir a la realización de la reconciliación completa con Dios mediante el sacrificio de Jesucristo. El pasaje más importante para reconocer y creer en el Cordero de Dios sigue siendo la revelación del Antiguo Testamento sobre el “Siervo del Señor”: Isaías 53:4-12. Este evangelio en el Antiguo Testamento se ha convertido en un consuelo eterno y ha ayudado a muchos buscadores a comprender la justificación por la gracia, cuando eran atormentados por sus conciencias. La fe instantánea del tesorero de la reina Candace de Etiopía es una clara señal de esto (Hechos 8:26-39). Además, puedes usar el eco Coránico del mandamiento de Dios a Abraham de no sacrificar a su propio hijo Isaac. Allí, Alá le dice: “Y lo hemos redimido con un gran sacrificio (inmolado).” (Sura al-Saffat 37:107) Esta sentencia decisiva niega todos los esfuerzos de Mahoma en el Corán por eliminar cualquier reconciliación con Alá. Esta llamada “revelación” admite la posibilidad de una reconciliación divina mediante una ofrenda inmolada. La redención completa de Isaac no se logró por su fe ni por sus buenas obras, ¡sino únicamente por gracia! Necesitamos dar a conocer a los Musulmanes este importante versículo del Corán, ya que habla de un sacrificio tremendo, que ya había sido realizado antes del sacrificio del carnero vicario. Aún hoy los musulmanes intentan descubrir quién o qué representa ese sacrificio divino de reconciliación, de dimensiones inmensas, relacionado con la salvación de Isaac. Pero nosotros conocemos el secreto: Jesucristo es el verdadero Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Él también ha salvado a todos los hijos de Abraham. Algunos Musulmanes podrían objetar que Abraham intentó sacrificar a Ismael y no a Isaac, con el fin de transferir las bendiciones de este acto a los Árabes y Musulmanes (Sura al-Saffat 37:8-14). Sin embargo, el Corán no menciona el nombre del hijo de Abraham que iba a ser sacrificado. Hasta la época de al-Tabari, los intérpretes Islámicos nombraban a Isaac como el que debía ser sacrificado. Solo más tarde modificaron su interpretación hacia Ismael. Los Musulmanes obstinados, además, objetaron que el Corán registra cinco veces una afirmación crítica (Suras al-An‘am 6:164; al-Isra’ 17:15; Fatir 35:18; al-Zumar 39:7; al-Najm 53:38): “Nadie cargado (de pecado) puede llevar la carga del otro.” (Sura al-An'am 6:164) Este versículo afirma indirectamente que ningún sustituto, que esté cargado de pecado, puede intervenir y llevar los pecados de otro hombre. Para responder a esto, debemos notar que el Corán testifica repetidamente que Cristo permaneció sin pecado; esto fue finalmente confirmado en Su ascensión (Suras Āl ‘Imran 3:44,45; al-Nisa’ 4:158,171; Maryam 19:19; al-Anbiya’ 21:91; al-Tahrim 66:12 y otros). Debido a la Santidad de Cristo, todos los cinco versículos Coránicos que hablan en contra de la posibilidad de un sustituto pueden usarse para demostrar lo contrario: “El sustituto que está sin pecado puede llevar la carga de culpa de otras personas.”! Jesús y su auto-sacrificio por amor a todos los pecadores, es la única respuesta útil frente al Islam sin esperanza. El nombre de Jesús refleja Su propósito: “Él salvará a Su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Su muerte sustitutiva estableció el privilegio de la misericordia para todos nosotros. La promesa de Cristo es definitiva: “¡Ánimo, hijo, hija! ¡Tus pecados te son perdonados!” (Mateo 9:2; Lucas 7:50 y otros). Mahoma no pudo pronunciar semejante frase. Nunca pensó en morir en lugar de los Musulmanes. Su muerte también habría sido en vano, porque Alá le ordenó varias veces pedir perdón por sus propios pecados (Suras Ghafir 40:55; Muhammad 47:19; al-Fath 48:2; al-Masad 110:3). 7.09 -- El testimonio de la experienciaDespués de que el Espíritu Santo fuera derramado como resultado del sacrificio expiatorio de Cristo, los apóstoles comprendieron y hablaron de su redención mediante la muerte de Jesús con ferviente amor. El apóstol Pedro confesó: “Ustedes no fueron redimidos con cosas corruptibles, como plata u oro, de su vana manera de vivir recibida por tradición de sus padres, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto.” (1 Pedro 1:18-19) El apóstol Juan confirma este mensaje: “Si andamos en la luz, como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:7-9) El Apóstol Pablo escribe: “El mensaje de la cruz es locura para los que se pierden, pero para nosotros que somos salvos es el poder de Dios… Predicamos a Cristo crucificado, para los judíos tropezadero y para los gentiles locura, pero para los llamados, tanto judíos como gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios.” (1 Corintios 1:18, 23-24) El reverendo Iskandar Jadeed confesó: “Cuando era joven sufría a causa de las cuatro esposas que tenía mi padre y las crueles discusiones entre nuestras cuatro familias que vivían bajo un mismo techo. En un momento reconfortante y conmovedor comprendí de repente lo que escribe Juan: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16) En India, una madre que no sabía leer ni escribir y que había dado a luz a una docena de hijos pidió ser bautizada, después de que su esposo Musulmán se convirtiera al Cristianismo. El pastor se mostró escéptico en bautizarla, ya que pensaba que solo lo hacía para complacer a su esposo. Cuando le preguntó por qué, siendo mujer Musulmana, insistía constantemente en recibir el bautismo, ella respondió con los ojos bien abiertos: “Jesucristo perdonó todos mis pecados en la cruz y puso la vida eterna directo en mi corazón.” ¿Cuál es tu testimonio personal? 7.10 -- C U E S T I O N A R I OQuerido lector: Si has estudiado este folleto con atención, podrás responder fácilmente las siguientes preguntas. Si respondes correctamente el 90 por ciento de todas las preguntas de los ocho folletos de esta serie podrás obtener un certificado de nuestro centro de: Estudios Avanzados como un estímulo para tu futuro servicio a Cristo.
Todo participante en este cuestionario puede usar cualquier libro que tenga a su disposición y consultar a cualquier persona de confianza que conozca para responder estas preguntas. Esperamos tus respuestas escritas, incluyendo tu dirección completa en el papel o en tu correo electrónico. ¡Oramos por ti a Jesús, el Señor viviente, para que él te llame, te envíe, te guíe, te fortalezca, te proteja y esté contigo cada día de tu vida! Tuyos en el servicio del Señor Jesucristo, Abd al-Masih y sus hermanos en el Señor Envía tus respuestas a: GRACE AND TRUTH info@grace-and-truth.net |