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Home -- Spanish -- 01. Conversation -- 8 Persecution of Converts
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01. Conversación con musulmanes sobre Cristo

8 - ¿Debería morir todo musulmán que se convierte al cristianismo?

Si un musulmán logra superar estos obstáculos dogmáticos, surge otro problema si desea convertirse al cristianismo: la ley islámica (Sharia) prescribe la pena de muerte si no se arrepiente y vuelve a abrazar el islam. ¿Qué medidas prácticas podemos tomar para ayudar a un musulmán a aceptar a Cristo a pesar de esto? ¿Qué otros desafíos enfrenta un cristiano de origen musulmán al seguir a Cristo? Aprenda cómo prepararse y cómo responder en tales circunstancias leyendo este folleto.



8.01 -- ¿Debería morir todo musulmán que se convierte al cristianismo?

El apóstol Pablo confiesa junto con todos aquellos que se convirtieron del Judaísmo y del Islam a Cristo: “Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos considerados como ovejas para el matadero” (Salmo 44:22), pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Romanos 8:36-37).

El apóstol de las naciones confirmó esta confesión con su muerte, cuando fue decapitado en el año 63 d.C., al igual que Santiago, el hermano de Jesús, quien había sido asesinado un año antes. También se dice que Pedro fue crucificado cabeza abajo en Roma en el año 64 d.C. El Señor resucitado concede a algunos de sus seguidores el privilegio de participar en sus padecimientos (Romanos 5:3-5; Filipenses 1:20-23; 2:16-17; Colosenses 1:24; 2 Timoteo 2:10-13; 1 Pedro 4:16.19).

Morir, como escribe Pablo, es un término complejo, así como vencer abarca todos los ámbitos del pensamiento y de la vida de los justificados. Los convertidos del Islam deben renunciar poco a poco a su antigua cultura y al espíritu de su religión, a medida que crecen en la fe, hasta integrarse plenamente en Jesucristo y en su iglesia.

8.02 -- La Victoria Espiritual Sobre El Estilo De Vida Islámico

Quien hable con Musulmanes acerca de Jesucristo y de su salvación puede encontrar que hay tres barreras difíciles de superar para cualquier consejero espiritual que quiera abordar los principales problemas del Islam.

Cristo, el Hijo del Dios Vivo
En primer lugar, un Musulmán rechaza cualquier concepto de la divinidad de Jesucristo. Con esta actitud se excluye a sí mismo de reconocer y conocer a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Rechaza la unidad de la Santa Trinidad y se separa de la redención consumada. Niega la justificación por gracia y no quiere escuchar mucho sobre el privilegio del renacimiento. Un testigo de Cristo debe, por lo tanto, pedir a Jesús caminos y métodos útiles para persuadir a un Musulmán de que el Hijo de María es el Hijo de Dios, quien nos ha salvado de nuestros pecados.

El que tiene al Hijo tiene vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene vida. (1 Juan 5:12)

No es ni prudente ni útil iniciar una conversación con un Musulmán insistiendo de inmediato en que Cristo es el Hijo de Dios, porque muchos Musulmanes malinterpretan esta expresión como una paternidad biológica de Alá a través de María y reaccionan negativamente ante ella.

La cruz de Cristo
El segundo obstáculo para que un Musulmán entienda a Cristo y su redención es el rechazo de su crucificción (Sura al-Nisa' 4:157). Un Musulmán no comprende el significado de la muerte de Jesús en nuestro lugar, ni su sacrificio expiatorio ni nuestra purificación de todos los pecados. Por lo tanto, ningún Musulmán encontrará el perdón de sus pecados mientras rechace al Cristo crucificado. Quien hable con Musulmanes sobre la creación y el juicio, sobre Abraham y Moisés, sobre los milagros de Cristo y su ascensión a Dios, aún no ha tocado el núcleo del problema. Debemos ayudar al Musulmán a entender que es un pecador. Luego, podemos explicarle que Cristo ha quitado nuestros pecados (Juan1:29-31).

La autenticidad de la Biblia
La tercera barrera que hace imposible que un Musulmán crea en Dios, su Padre, es su profunda sospecha de que la Biblia está falsificada. Con este golpe bajo, el espíritu del Islam ha derribado la confianza de muchos Musulmanes en la Torá y el Evangelio. Creen que todo lo que dicen los Judíos y los Cristianos son cuentos, fábulas y errores. Quien quiera ayudar a un Musulmán a comprender la salvación que le ha sido completada para él en Cristo, debe infundir en él la confianza de que la Biblia es la verdadera Palabra de Dios y la revelación inmutable.

Estas tres barreras no son meramente problemas intelectuales que podrían resolverse con pruebas lógicas y argumentos adecuados al estilo Islámico. Aquí encontramos seducciones anticristianas y cadenas colectivas que solo pueden aflojarse por la gracia en el poder del Espíritu Santo. La oración —con la fe de que estas oraciones serán escuchadas— es tan importante en el acercamiento a los Musulmanes, como lo es un testimonio de humildad y verdad guiado por el Espíritu. Sin embargo, el amor de Jesucristo sigue siendo el lenguaje que penetra la prisión más oscura.

Superar el concepto Islámico de Dios
Cuando alguien, en el nombre de Jesús, ha superado estas tres barreras preliminares del rechazo Islámico, puede haber llegado al problema central del Islam. El concepto de Alá determina la cultura Islámica en todos los ámbitos: en la fe, en la vida, en la ley y en las costumbres. Sin embargo, este concepto no puede superar su miedo a la muerte ni su temblor ante el día del juicio venidero. Todos los ámbitos del Islam se concentran en Alá. Un Musulmán es, en mayor o menor medida, una pequeña imagen de su Alá. Quien quiera ayudarle a superar el Islam debe explicar al Padre de Jesucristo como la respuesta espiritual del Evangelio para la comprensión de Alá.

¿Quién es Alá?
Un Musulmán confiesa en su testimonio de fe: No hay más Dios que Alá. Alá es uno solo, nunca tres! Él es inmensamente grande, inalcanzablemente lejano y el único poderoso. Todos los pensamientos teológicos sobre él son insuficientes y erróneos. Sus nombres y atributos se superponen y, a veces, se cancelan entre sí. Ningún intelecto humano puede comprender al Sublime. Ha predestinado todo y exige la sumisión total de todos. Alá no es un dios de amor ilimitado. Seduce a quien quiere y guía correctamente a quien quiere (Suras al-An'am 6:39; al-Ra'd 13:27; Ibrahim 14:4; al-Nahl 16:93; al-Fatir 35:8; al-Muddathir 74:31). No es un dios de verdad, porque se llama a sí mismo el más astuto de todos (Suras Al 'Imran 3:54; al-Anfal 8:30; al-Nisa' 4:142). Es el orgulloso (Sura al-Hashr 59:23). Su misericordia se concede solo a los Musulmanes temerosos de Dios que ofrecen su dinero y luchan por la expansión del Islam (Suras al-Baqara 2:195; Al 'Imran 3:76,134,148,159; al-Ma'ida 5:13,43,93; al-Tawba 9:4,7,108; al-Mumtahana 60.8 et al.). El espíritu del Islam odia al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y rechaza absolutamente la Trinidad (Sura al-Ikhlas 112:1-4, et al.).

Nuestro Padre Celestial
La respuesta central del evangelio al entendimiento Islámico de Alá es el Padre de Jesucristo. El Dios todopoderoso es nuestro Padre(!) que se ha unido para siempre a nosotros, los pecadores que fuimos hechos de polvo, por el pacto de su Hijo Jesucristo, quien nos ha ungido con su Espíritu Santo. Nuestro evangelio no nos enseña un Alá lejano, inalcanzable e incomprensible, sino que nos muestra al Padre cercano y personal. Él se preocupa por cada persona individualmente y nos conoce mejor que nosotros mismos. Incluso ha contado los cabellos de nuestra cabeza (Mateo 10:30; Lucas 12:7). Sacrificó a Su Hijo único por nosotros para salvarnos del juicio final. A través de Su Espíritu Santo quiere vivir en nosotros. Dios es nuestro Padre que nos ha adoptado legalmente y nos ha regenerado espiritualmente. El Espíritu Santo nos guía para glorificar el nombre de nuestro Padre en nuestra vida.

La diferencia entre el Islam y el Cristianismo es tan grande como la diferencia entre Alá y el Padre de Jesucristo. La conversión de un Musulmán conducirá, tarde o temprano, a una separación y luego al rechazo del Alá arbitrario y sin corazón, hasta que el buscador se salve al caer en los brazos extendidos de nuestro Padre en los cielos.

El cambio
Tal transición no ocurre solo intelectualmente, sino mediante la transformación existencial completa de una persona. Todos los ámbitos de la vida deben ser reformados a la imagen del Padre. Al convertirse en Cristiano, es imposible que un Musulmán permanezca por mucho tiempo en su cultura Islámica con su espíritu anticristiano. Todos los ámbitos de su existencia deben ser dirigidos hacia el Padre. En la oración, aprende a hablar con su Padre, quien le responderá a través de la Biblia. Cuando un Musulmán se convierte en hijo de Dios, debe despojarse de Mahoma y revestirse con Cristo. Recibirá el privilegio de crecer en la cultura de Jesucristo y convertirse en miembro de la familia de nuestro Padre Celestial. Esto implica negar su vida anterior y renovarse mediante el Espíritu Santo. Dar el primer paso significa entrar en un mundo espiritual desconocido para el Islam. El Espíritu de nuestro Padre quiere penetrar en todos los ámbitos de su vida. Sin santificación nadie verá al Señor, Sin renovación nadie puede permanecer en Cristo. Ese cambio sigue siendo un acto de gracia de nuestro Padre, siempre que escuchemos a Su Hijo y Le agradezcamos por llamarnos.

Una trampa cultural y religiosa
Si alguien no se separa de Alá, pero al mismo tiempo intenta vincularse con Dios el Padre, la nueva fe solo permanece en su cabeza, mas no llega a su corazón. Muchas conversiones se quedan a mitad de camino. Un converso dijo: “He reconocido y creído que Alá es mi Padre en los cielos, quien me ha concedido vida eterna.” Ese hombre intentó reconciliar el Islam con el Cristianismo. Era Cristiano con los Cristianos, pero al ver a sus esposas con sus hijos y sus parientes, se volvía Musulmán entre los Musulmanes. El resultado fue una especie de esquizofrenia espiritual. A largo plazo, es imperativa una clara distinción entre la luz y las tinieblas, entre la muerte y la vida. El vínculo por la fe con Jesucristo obliga a un Musulmán a alejarse de Alá y a permanecer en el Padre. Pero la mayoría de los Musulmanes dudan en completar ese alejamiento de inmediato; lo hacen mayormente paso a paso, a medida que crecen en la fe. Pero no hay manera de volver a casa sin dar la vuelta.

¿Qué significa gracia?
En el Corán, la palabra “gracia” aparece 38 veces. Los Musulmanes creen que viven bajo la gracia permanente de Alá. Pero en el Islam, la gracia tiene un significado diferente al de la Biblia. La misericordia de Alá reside sobre aquellos Musulmanes que son fuertes, exitosos, saludables y honorables. Quien tiene muchos hijos, rebaños, autos, camellos de carreras y dinero ha sido privilegiado por Alá al recibir gracia sobre gracia. Alá condujo a Mahoma hacia Zainab, la esposa de su hijo adoptivo Zaid, mientras aún estaba casado con ella (Sura al-Ahzab 33:37). ¡Ese desarrollo se llama una gracia de Alá!

En el evangelio, sin embargo, la gracia significa, primero, ¡el perdón de toda culpa! Jesús nos concede gratuitamente la justicia, porque Él sufrió y murió en nuestro lugar. A menudo, las personas humildes, enfermas, ancianas y tristes comprenden esta gracia de Dios más rápido que los ricos, los fuertes y los hermosos, quienes permanecen espiritualmente vacíos. “¡Bienaventurados los pobres en espíritu!” (Mateo 5:3). Además de la gracia que justifica, los creyentes reciben los dones de la gracia, que son el fruto del Espíritu Santo: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benevolencia, fe, mansedumbre y dominio propio (Gálatas 5:22-23). Un converso debe aprender que las riquezas materiales, los valores seculares, el honor mundano, “tener la razón” y poseer poder, a menudo son contrarios a los dones espirituales de filiación que hemos recibido de nuestro Padre Celestial.

¿Pecado o pecador?
En el Islam existe un catálogo largo de pecados clasificados: pecados menores, acciones tolerables, ofensas impopulares, pecados reales, infracciones contra la ley (Sharía), crímenes, malas acciones, pecados grandes y culpas imperdonables. El Corán enseña que un Musulmán puede borrar cada uno de sus pecados mediante buenas obras especiales, excepto los que pertenecen a la última categoría (Suras al-Tawba 9:111; al-‘Ankabut 29:7). ¡El Musulmán no se considera a sí mismo un pecador! ¡Esa palabra degradaría y ofendería a toda su familia! ¡Se consideraría una vergüenza decir que un Musulmán es un pecador!

Los verdaderos Cristianos saben que son pecadores y están perdidos cuando se comparan con la bondad y la santidad de su Padre celestial. “Nadie es bueno, sino sólo Dios” (Mateo 10:18). Estamos llenos de faltas y fracasos, perdidos y condenados en nuestra naturaleza humana. Ningún ser humano es bueno por sí mismo. La perfección de nuestro Padre demuestra nuestra culpa (Mateo 5:48). Nuestros pecados y transgresiones brotan de una podredumbre sin fondo. Solo la gracia de Jesucristo es nuestra esperanza. Su sangre nos limpia de todos nuestros pecados, y Su Espíritu forma en nosotros una nueva criatura. Si un Musulmán no reconoce su podredumbre a la luz de Dios, él no sabe que es un caso perdido, sino que continúa pensando que no necesita un Salvador ni un sacrificio en su lugar.\!

¿Predestinación o elección?
El Corán enseña a los Musulmanes que Alá es el Todopoderoso, el Omnisciente y el Sabio por excelencia. La consecuencia teológica de estos atributos es que Alá debe haber predestinado a todos y todo hasta el más mínimo detalle (Suras al-Furqan 25:2; al-Qamar 54:49; al-Talaq 65:3). Un niño en el vientre de su madre está completamente determinado desde el día 40 de su existencia (Sura al-Najm 53:32). Todos los pecados, talentos y acontecimientos de su vida están programados de antemano. El Corán insiste en que Alá incluso predestinó a todos los Musulmanes al purgatorio en el infierno (Sura Maryam 19:71-72). Sin embargo, Después de eso, Alá salvará a algunos que le temieron, o que sacrificaron mucho dinero y lucharon en la Guerra Santa. Un profundo fatalismo se cierne sobre el mundo Islámico, a menudo interrumpido por erupciones emocionales.

En la epístola a los Efesios (capítulo 1:3-4), los Cristianos pueden leer que nuestro Padre celestial nos ha elegido en Jesucristo para vivir una vida santa delante de Él, en Su amor, con el propósito de ser conformados a la imagen de Su Hijo amado (Romanos 8:29-30). Esta elección no nos cubre como un sudario asfixiante, sino que nos activa para amar, alabar y servir con celo y rectitud. Es nuestro Padre quien nos predestinó en Jesucristo, y no un dios tirano lleno de caprichos. Su programa básico puede verse desde Génesis 1:27, junto con su expansión espiritual en Mateo 5:48 y Juan 14:9-11.

¿Verdad o mentira?
En el Islam, está oficialmente permitido mentir en cuatro circunstancias: en la Guerra Santa (al hablar con no Musulmanes), cuando dos Musulmanes deben reconciliarse, un esposo con sus esposas y una esposa con su esposo. Los juramentos precipitados pueden romperse (Sura al-Tahrim 66:2). Alá mismo engaña a quienes lo engañan (Sura al-Nisa' 4:142). No es de extrañar que en el mundo Islámico el comercio y la vida no se basen en la confiabilidad, la verdad y la lealtad.

Jesús dijo: “Sea vuestro ‘sí’, sí, y vuestro ‘no’, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5:37). Jesús mismo es la verdad (Juan 14:6). El Espíritu Santo es la verdad (Juan 14:17; 16:13). Nuestro Padre celestial es la verdad (Juan 4:24). Su palabra es la verdad (Juan 17:17). Un convertido debe- al igual que nosotros-aprender a ser verdadero. El amor sin verdad sería una mentira, así como la verdad sin amor constituiría un homicidio espiritual. Debemos aprender a hablar la verdad con amor y a combinar el servicio del amor con la verdad del evangelio.

¿Poligamia o monogamia?
El Corán permite a los Musulmanes casarse con una, dos, tres o cuatro esposas, siempre y cuando el hombre pueda cuidarlas por igual (Sura al-Nisá 4:3). (Esta ley ha sido derogada en Turquía, Marruecos y Túnez). Aun así, la mayoría de los Musulmanes no pueden casarse con más de una o dos esposas porque no ganan suficiente dinero. Sin embargo, el matrimonio en el Islam no se considera una unión igual de parejas. Un esposo puede disciplinar a su esposa, y cuando ella permanece obstinada, puede golpearla (Sura al-Nisá 4:34). El esposo ocupa una posición superior a la esposa, de la misma manera que, en un tribunal, el testimonio de dos mujeres equivale al de un solo hombre Musulmán (Sura al-Bácara 2:282). Además, la ley le permite tomar concubinas de entre sus esclavas cuando quiera. El Corán autoriza al hombre a gobernar su harén como un pequeño patriarca. La unidad entre esposo y esposa para resolver juntos los problemas de la vida no es un tema en el Islam. El Islam significa más bien sumisión, también dentro del matrimonio.

Cristo confirmó que la monogamia había sido ordenada desde la creación (Marcos 10:6-9). El apóstol Pablo enseñó que la esposa debe someterse a su marido, pero que el marido debe sacrificarse por su esposa, así como Cristo se entregó por Su Iglesia (Efesios 5:21-33). El tema central del matrimonio Cristiano no es quién manda, sino quién ama y sirve más a su compañero. Tan grande como es la diferencia entre Alá y el Padre de Jesucristo, así de grande es también la diferencia en la comprensión del matrimonio y la vida familiar práctica en ambas religiones.

Maestros en la escuela
Antiguamente —y a veces incluso hoy— un maestro Coránico imponía a sus alumnos las diferentes Suras del Corán con el palo. Los estudiantes debían aprenderlas de memoria. El maestro se sentaba sobre ellos como un pequeño “Alá” en su trono. No fomentaba el pensamiento ni la comprensión individual, sino la memorización y recitación. Generaciones de maestros Coránicos han moldeado la cultura Islámica como una forma de pensamiento estática entre los Musulmanes.

En un entorno Cristiano, un buen maestro es un amigo paternal, que busca guiar a sus alumnos hacia su propio entendimiento, razonamiento, análisis y síntesis. Su personalidad puede formar más a los alumnos que su propia enseñanza. No se sienta en un trono por encima de ellos, sino que camina entre ellos. Cristo dijo de sí mismo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28). La idea del servicio fiel impregna todos los ámbitos de la vida cristiana, más que el deseo de dominar. Esto exige una transformación completa, no solo en la vida de los convertidos del Islam, sino en la de cualquier persona, porque el orgullo y el deseo de tener la razón están profundamente arraigados en todos nosotros.

Trabajo duro y asistencia social
En Europa la gente sonríe y dice que quien sabe lo que significa trabajar y no lo evita, ¡debe estar loco! En Oriente, mucha gente vive según este principio. En los países Islámicos, un trabajador suele ser tratado casi como un esclavo. En las zonas rurales, aún no tocadas por el socialismo, los terratenientes son honrados como pequeños dioses. Los dependientes les besan las manos y los pies. Con frecuencia, los trabajadores reciben sus salarios con dos o tres meses de retraso, para que no puedan escapar. En una ocasión, cuando los obreros de una fábrica se declararon en huelga, simplemente el dueño vendió la fábrica y despidió a todos sus empleados.

En Sudán, las milicias a veces rodean aldeas del sur, matan a los hombres y toman a las mujeres y a los niños como esclavos. La ley de la esclavitud en el Corán y en la Sharía aún no ha sido abolida. Los Musulmanes se consideraban a sí mismos una clase de señores. Los animistas debían ser asesinados o esclavizados. Los Judíos y los Cristianos podían existir como ciudadanos de segunda clase “protegidos”, con el privilegio de servir a sus amos Islámicos (Sura al-Tawba 9:28-29).

Sin embargo, Cristo, vivió entre nosotros como siervo. Él es manso y humilde. Trabajó como carpintero, no como comerciante. Jesús llamó a pescadores arrepentidos a seguirlo, hombres acostumbrados al trabajo duro. Cristo no nombra señores, sino siervos. Nuestro Dios es manso y lleno de amor. Quien le sigue, será transformado a su semejanza. Un empleador creyente cuidará de sus empleados y no los explotará. El socialismo solo pudo surgir donde el Cristianismo ya había preparado el camino.

¿Es la democracia antiislámica?
En Líbano, a veces los padres ponen a sus hijos nombres extraños: Napoleón, De Gaulle, Bismarck, Stalin y Nasser. Estos aparecen en las listas de matrícula de las escuelas y en los certificados. Una vez un maestro gritó desde la calle a otro maestro: “¡Hitler aún no ha pagado las cuotas escolares!” Al preguntarle, confirmó que el nombre del padre de una niña era, en efecto, Hitler. Mucha gente en Oriente espera a un hombre fuerte que acabe con la corrupción a sangre fría. Gamal Abdel Nasser, Jomeini y Sadam Hussein fueron dictadores muy venerados, seguidos por las masas. “¡Sadam es el rey del mundo!” se podía leer pintado en una pared de un barrio marginal Islámico de Secunderabad, India. Los Musulmanes esperan dictadores, pequeños Alás, no para presidentes democrátas que pueden ser elegidos o destituidos por votación. Están dispuestos a luchar por sus ídolos, así como Hezbolá y Hamás sacrifican sus vidas por Alá.

Pero Jesús dijo: Mi reino no es de este mundo. Yo soy rey. Para esto nací y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz (Juan 18:36-37). Un Musulmán debe aprender a entender lo que Jesús dijo a Pedro: Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán (Mateo 26:52).

El que viene a Jesús será transformado: el orgulloso se volverá humilde, el perezoso diligente, el fanático manso, y un dictador en su familia podrá convertirse en siervo de todos. La fe en Jesús nos transforma a la semejanza de nuestro Padre celestial, cuando oramos: “Santificado sea tu nombre,” esta petición debería causar una revolución espiritual en nuestros corazones, en nuestras iglesias y en los creyentes individuales. Un cambio espiritual es indispensable para todo aquel que quiera llegar a ser un cristiano maduro. Solo puede realizarse en el poder y el amor de nuestro Padre (Romanos 5:5) por medio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

8.03 -- ¿Permanecer en la familia o separarse de ella?

Las personas del Medio Oriente, y en general los Musulmanes, no funcionan como personas individuales. Están estrechamente ligados a sus familias por la sangre, el alma y sus costumbres. Viven como un “nosotros”, junto con sus parientes, de acuerdo a los mismos principios, la misma religión y una responsabilidad mutua unos por otros. Muchos se casaron, cursaron estudios superiores o ingresaron a puestos influyentes en el gobierno por decisión del clan. Sin su familia o su clan, el individuo en Oriente no es nada y se siente muy perdido.

En las grandes ciudades, la persona vive más sola y se desvincula poco a poco de los lazos de su clan. Así, hoy en día el Oriente se está alejando del “nosotros” al “Yo”. Los Musulmanes están volviéndose más individualistas. Pero sus lazos con su pueblo siguen siendo más fuertes que su integración en la vida impersonal de las grandes ciudades.

Aun así, las persona en Oriente no han caído al nivel de un ser sin identidad dentro de las masas, no se considera un número. Aún no han caído en el anonimato como muchos en América y en los países industriales de Europa. Él sigue siendo miembro de su clan.

Por esta razón, muchos evangelistas deberían ser más prudentes al llamar a los Musulmanes a tomar una decisión por Cristo, porque aún no viven plenamente como un “Yo”, sino que viven como parte de su “nosotros”. No solo tienen su propio Corazón para decidir, sino que también, implica la opinión y la influencia de los demás miembros de su clan.

¡El clan - el mayor obstáculo para una conversión a Cristo!
Los lazos tradicionales dentro del clan son la barrera más fuerte para que un Musulmán se convierta al Cristianismo. La familia no le permite salirse de la línea. ¡Ni una mota de polvo debe manchar el honor del clan! Mucho menos puede alguno de ellos convertirse en un renegado, un infiel o un converso. Si un Musulmán se convierte al comunismo o ateo, eso puede ser tolerado y considerado simplemente una desviación espiritual en su desarrollo. ¡Pero ay del miembro del clan que se haga Cristiano! Una secta Islámica sostiene que la separación de un hijo o una hija del Islam equivale a un adulterio cometido por su madre. De todas las maneras posibles, el clan busca imponer una estricta obediencia a cada uno de sus miembros, tanto en la religión como en lo social.

Si alguien desea evangelizar a los Musulmanes, debería, si es posible, visitar a la familia de un buscador interesado, si es posible, no separarlo de su entorno. Los padres y los parientes deben asegurarse que los nuevos amigos son personas confiables y honestas. Es importante evitar cualquier desconfianza, ya que las sectas, partidos, fanáticos y pandillas también intentan atraer individuos.

En el Corán se lee que un Musulmán no debe hacerse amigo de Cristianos o Judíos, porque ellos no lo dejarán en paz hasta que se vuelva como ellos (Sura al-Ma'ida 5:52, 57, entre otros). Pero al mismo tiempo, el Corán dice que los Cristianos son los peores enemigos de los Musulmanes, porque simpatizan con ellos y no son arrogantes (Sura al-Ma'ida 5:82).

La experiencia muestra que, en la mayoría de los casos, todo un clan no aceptará ser evangelizado. Sin embargo, deberiammos intentarlo; aunque solo sea en un cinco o diez por ciento de los casos, una familia entera se convierta y crea en Jesús al acercarse a su clan, ¡A veces realmente sucede!

La dolorosa liberación del clan
Cuando los padres o el cónyuge descubren que uno de los miembros de la familia está leyendo la Biblia u otros libros Cristianos, no se oponen de inmediato a esa lectura, sino que la toleran e incluso, a veces, la consideran algo positivo. En la era de la ciencia y los medios de comunicación, todos deberíamos estar informados de todo —¡pero sin creerlo ni rendirse a ello! Puede ser aceptado el conocimiento bíblico, pero subrayan que cualquier simpatía más profunda o vínculo espiritual con el Cristianismo es un tabú.

En cuanto se hace evidente que un joven o un adulto que está seriamente interesado en Cristo y en Su Evangelio, suele ser llamado el tío para hablar con esa persona en cuestión, instándola a volver a la conformidad con el clan, advirtiéndole o incluso amenazándole si no promete abandonar de manera definitiva lo que consideran la blasfema incredulidad de los Cristianos.

Si tal advertencia por parte de la familia no surte efecto, se aplicaban sanciones menores que iban en aumento a ser más duros. Se les negaba el dinero para gastos, se escondían sus ropas, se interrumpía la asistencia a la escuela, hay golpes, tensiones y discusiones dentro de la familia. También se retenían las cartas o el cartero era sobornado para que no entregue las cartas al “culpable”. Se informaba a sus amigos y maestros son para que ejerzan presión sobre él; las agresiones físicas mediante fuertes palizas son la penúltima medida. Las niñas son encerradas en habitaciones pequeñas sin comida ni agua; las palizas diarias buscan imponerles una sumisión incondicional. En casos extremos, la persona es denunciada ante la policía con falsas acusaciones, lo que puede llevar a torturas despiadadas hasta que se comprobara que el “delito” era solo religioso, y no de contrabando, de homosexualidad o de traición. Las amenazas de muerte debían tomarse en serio si provenían de miembros de la propia familia. Todo esto se realiza con odio, amargura y miedo. El apóstol Pablo escribe: “De hecho, por causa de ti enfrentamos la muerte todo el día; pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”

La vida eterna no tiene fin
Para mostrar cómo no deben actuar los consejeros espirituales en una situación así, relatamos la historia de un hecho real:

En Bangladesh, un misionero extranjero tuvo acceso a un grupo de adolescentes de entre 16 y 18 años. Algunos de ellos aceptaron a Cristo. El misionero, entusiasmado, les aconsejó: “¡Vayan a casa y díganles a sus familias que Jesús les ha dado vida eterna!”

Nur ul-Alam obedeció, fue a su casa y le dijo a su padre: “Papá, ¡Jesús me ha dado la vida eterna!” El padre miró fijamente a su hijo le y preguntó: “¿Quién te ha dado qué?” El joven respondió: “El hijo de María ha puesto su Espíritu y su amor en mi corazón.” Entonces el padre llamó a sus hijos mayores: “¡Traigan las varas de bambú!”, y les ordenó golpear a su hermano hasta que el espíritu maligno lo dejara. Más tarde, Nur ul-Alam contó: “Me golpearon hasta cansarse.” Luego su padre volvió a preguntarle: “¿Ahora estás libre del espíritu extranjero que entró en ti?” El hijo respondió: “Papá, la vida eterna que está en mí es eterna. No me abandonará.” Entonces el padre ordenó nuevamente: “¡Traigan los cuchillos!” Le arrancaron la ropa y le cortaron cruces en la piel, desde el cuello hasta las piernas. Cuando el muchacho, cubierto de sangre, quedó de pie frente a ellos, el padre preguntó otra vez: “¿Ahora estás libre del espíritu del engaño eterno?” Pero el joven, entre lágrimas, respondió: “Papá, puedes matarme, pero viviré por la eternidad. La nueva vida en Jesús nunca me abandonará.” Enfadado, el padre ordenó a sus hijos mayores: “¡Traigan sal y pimienta!” Le frotaron especias picantes en la piel, de la cabeza a los pies. El joven gritaba de dolor. Ellos lloraban con él, porque creían que estaban salvándolo del infierno. Finalmente, no pudieron soportarlo más y lo dejaron tirado en el piso, cubierto de sal y pimienta, y salieron del cuarto. Después de un tiempo, el joven logró escapar en la noche. Se arrojó al río para lavar las especias de sus heridas, encontró una pequeña barca, y remó hasta la casa del misionero, llamó a la puerta y esperó.

Cuando el hombre abrió la puerta y vio al muchacho cubierto de sangre frente a él, se sorprendió y dijo: “Es mejor que no entres en mi casa, porque seguramente te están buscando. Avanza unos kilómetros más hasta la casa de una familia fiel de nuestra comunidad; ellos te recibirán”. ¡El joven, marcado con muchas cruces, tuvo que salir solo en la noche!

Los misioneros no deben explotar a los jóvenes conversos como multiplicadores con métodos occidentales, sino comprender su entorno, sentir y sufrir con ellos, y asumir la responsabilidad por ellos.

Son necesarias la sabiduría y la fidelidad
Un principiante en la fe no debe ser llamado demasiado pronto a dar su testimonio abiertamente; un bebé recién nacido aún no puede caminar ni hablar. El nuevo creyente debe primero madurar en la Palabra, en sabiduría, en oración y en amor, hasta que —con las palabras adecuadas, en el momento oportuno— pueda confesar su nueva fe. A menudo no puede hablar abiertamente con su familia, pero puede testificar a través de su forma de vida, de servir, de su amabilidad y de sus oraciones, mostrando que algo nuevo ha entrado en su vida.

Un convertido no debe abandonar la casa de su padre a causa de tensiones o presiones. Si es echado por la puerta principal, debe entrar por la puerta trasera. ¡Nadie lo ama más que sus padres! Su silencio activo, su servicio elocuente y su respeto hacia sus padres suelen hablar más claramente que las palabras que podrían provocar odio o ira. Sin embargo, tan pronto como su vida corra peligro, el consejero espiritual responsable, el grupo o la iglesia a la que pertenece el convertido; deben acogerlo, protegerlo y defender sus derechos. Pero, al ofrecer tal ayuda, deben tener cuidado de no albergar a menores de edad, ya que la ley no lo permite.

Los cónyuges serán amenazados con el divorcio si llegan a creer en Cristo. El abandono del Islam es uno de los pocos casos en los que una mujer puede exigir el divorcio. En tal situación, los hijos le pertenecen solo a ella. Si, por el contrario, un esposo se divorcia de su esposa a causa de su fe en Cristo, ella pierde todos los derechos sobre sus hijos y puede ser expulsada de la casa. Apenas podemos imaginar cuánto sufren algunas madres por causa de Jesús en el mundo Islámico.

Escapes y desvíos
Los Musulmanes rara vez actúan de manera tan extrema como para torturar o matar a sus propios familiares. Dos tercios de los Musulmanes son, en mayor o menor grado, liberales y se preocupan poco por la religión. Sin embargo, para no perder su reputación y aceptación dentro de la sociedad Islámica, no pueden permitirse el lujo de mantener a un renegado entre ellos. Por eso, tratan de separarse de quien se ha desviado del camino o, si es posible, enviarlo al extranjero.

Pero un tercio de los musulmanes descarga su odio cuando un miembro del clan se vuelve a Jesús. Creen que deben castigarlo para salvarlo, o de lo contrario, intentan destruirlo. Para ambas partes es doloroso cuando uno de los suyos se convierte al Cristianismo, aunque solo unos pocos son lo suficientemente fanáticos como para prepararse para matar a un renegado.

Hoy en día, los nuevos creyentes que realmente están en peligro no esperan demasiado tiempo, sino que huyen antes de ser asesinados. Se esconden con amigos o escapan a otros países bajo nombres falsos.

Un convertido que aún no es un “Yo” independiente y vive en el “nosotros” de su clan desea guiar a sus familiares más cercanos a Jesús cuando ha recibido el Espíritu del amor de Cristo tras su conversión. Pero precisamente esa es la razón por la que ellos lo rechazan y lo odian aún más (Juan 16:1-4). Sin embargo, los nuevos creyentes se aferran por la fe al testimonio del apóstol Pablo, quien desafío al carcelero: “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo tú y tu casa” (Hechos 16:31).

¿No deberíamos evitarles este sufrimiento a los conversos? Una y otra vez los creyentes preguntan: “Si volverse a Jesús causa tanto dolor, ¿no sería más compasivo dejar que los Musulmanes permanezcan en su propia religión?” Quien argumenta de esa manera no ha entendido ni a Mahoma ni a Cristo. En el Islam no hay salvación, ni garantía del perdón de los pecados, ni redención, ni paz, ni Espíritu Santo, ni vida eterna. ¡Un Musulmán sin Jesucristo está perdido y espiritualmente muerto! Solo el Hijo de Dios pudo decir: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). No hay otro camino hacia el Dios verdadero aparte de la cruz. Si deseas evitar que los conversos sufran, eres como Pedro cuando quiso impedir que Jesús fuera a la cruz (Mateo 16:22-23). La severa respuesta de Jesús también se aplica a todos aquellos que quieren impedir que los nuevos creyentes sufran.

Nuestro Señor dice claramente: “Todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mí y por el Evangelio, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna” (Mateo 19:28-30; Marcos 10:29; Lucas 18:29). Jesús va aún más allá y dice: “El que ama a su padre o madre más que a mí no es digno de mí; el que ama a su hijo o hija más que a mí no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Quien encuentre su vida, la perderá, y quien pierda su vida por mi causa, la encontrará” (Mateo 10:37-38; 16:24-25; Lucas 9:23-26; Juan 12:25).

Es fácil decir o escribir estas palabras a otros, pero muy difícil soportarlas en la vida real. Por lo tanto, es nuestro deber aceptar en nuestra familia espiritual a todos los creyentes que son perseguidos por causa de Jesús y cuidarlos hasta que puedan valerse por sí mismos.

En el momento en que un convertido avanza espiritualmente y se separa del “nosotros” de su clan, enfrenta tentaciones especiales que debe superar, aunque aún sea un principiante en la fe.

¿Cuál es la verdadera revelación?
Como Musulmán, un convertido había pensado que todos los libros revelados como la Torá, los Salmos, el Evangelio y el Corán, provenían del libro original en el cielo y estaban en armonía unos con otros. Mas no tarda mucho en descubrir diferencias insalvables entre la Biblia y el Corán. El Evangelio testifica 50 veces que Cristo es el Hijo de Dios, mientras que el Corán lo niega 17 veces. El último día de la vida de Jesús es descrito con precisión en todos sus sufrimientos y muerte. Sin embargo, el Corán afirma: “No lo mataron, ni lo crucificaron; sólo les hicieron creer que era así” (Sura al-Nisá 4:157). El Evangelio revela 187 veces que Dios es el Padre y nuestro Padre. En cambio, el Corán, declara que Alá no es padre y que no hay nadie semejante a Él (Sura al-Ijlás 112:1-4). En la Biblia leemos sobre la monogamia, sobre la prohibición del divorcio, sobre perdonar a los enemigos, y sobre el Espíritu Santo morando en aquellos que siguen a Cristo. Pero en el libro sagrado de los Musulmanes, Alá permite la poligamia, el divorcio es un derecho del esposo cuando quiera, la venganza o el pago de sangre son deberes divinos, y es imposible que alguien reciba un espíritu divino —¡solo Alá es grande! Todos los demás son sus siervos —¡incluso Jesús y el Espíritu Santo!

Por lo tanto, el convertido se enfrenta a la pregunta: ¿Qué libro contiene la verdadera revelación y cuál es un engaño o una mentira? Esa pregunta no tiene por qué venir del exterior; nace dentro de él, en su propio corazón. No debemos dar respuestas sencillas. Él mismo debe reconocer la verdad, para poder resistir los ataques de su clan y de sus amigos. Nos corresponde acompañarlo en oración, guiarlo hacia pasajes útiles de la Biblia, pensar con él en todas sus dificultades, hasta que él mismo reconozca, por medio de la Palabra de Dios: ¡La Biblia, y solo la Biblia, es la verdadera Palabra de Dios! Está llena de vida y poder. El Corán, es engañoso, una revelación falsificada y producto de un espíritu antibíblico.

Pecados imperdonables
Una segunda tentación puede afectar la existencia espiritual de un nuevo creyente. El Corán indica que hay tres pecados que nunca pueden ser perdonados:

Todo aquel que añade otro dios junto a Alá es maldito (Sura al-Tawba 9:29).

Todo aquel que abandona el Islam y se hace Cristiano es maldito tres veces (Sura al-Baqara 2:161).

La ira de Alá cae sobre quien mata intencionalmente a un Musulmán, sin causa de venganza (Sura al-Nisa’ 4:93).

Quien invita a un Musulmán a Jesús, al mismo tiempo lo está llamando a cometer dos pecados imperdonables, los cuales en el Islam corresponden al pecado contra el Espíritu Santo mencionado en el Evangelio. Si a un Cristiano se le pidiera blasfemar contra la unidad de la Santa Trinidad, no lo consideraría ni por un momento, sino que lo rechazaría con indignación. El obstáculo interno que un convertido debe superar es semejante: Debe “pecar” voluntariamente contra aquello que antes consideraba sagrado, a fin de ganar a Cristo y la vida eterna. Nunca debemos presionarlo para que tome una decisión apresurada, sino acompañarlo con oración y consejería, ayudándolo a arraigarse profundamente, a asegurarse y ser consolado en el Evangelio (Romanos 8:14–16; 1 Corintios 12:2–3).

Para los oídos Musulmanes, el Corán contiene varias advertencias que dicen que todo aquel que se aparte del Islam perderá los méritos de sus buenas obras y no tendrá nada que mostrar en el juicio de Alá que pueda compensar sus pecados (Suras al-Kahf 18:105; al-Zumar 39:65; y otras). Pero Cristo le asegura: “¡Mi gracia te basta! Tus obras no son suficientes para justificarte. Mi sangre derramada es tu justicia!"

Condenado a muerte
La amarga píldora que todo converso debe tragar es el veredicto de que, según la Sharía; un renegado debe “morir” (Sura al-Baqara 2:217). Curiosamente, el Corán no dice explícitamente que deba ser “asesinado”. Este hecho llevó a los juristas Islámicos a examinar las tradiciones de Mahoma para ver si alguna de sus declaraciones “orales” exigía que un renegado fuera ejecutado por un Estado islámico. Pero, dado que condenar a muerte a un Musulmán por una causa que no está claramente mencionada en el Corán no es legal, los abogados impusieron la orden de matar a los conversos por medio del consenso de los juristas Islámicos. Solo discrepan en la cuestión de cuánto tiempo debe durar el período de reflexión en prisión antes de ejecutar la pena de muerte. Algunos dicen tres días, otros un mes entero, durante el cual se debe volver a explicar el Islam al renegado para hacerlo regresar a sus raíces. Si él rechaza definitivamente el repetido llamamiento, debe ejecutarse la pena de muerte.

Sin embargo, en la mayoría de los Estados Islámicos no ejecutan a los conversos. Los derechos humanos Universales se oponen a la Sharía. Por eso, los Estados Islámicos más liberales se niegan a aplicar esa ley. Ellos señalan el único versículo del Corán que habla de la “muerte” de un renegado, pero no de su “ejecución” ni de su “asesinato” (Sura al-Baqara 2:217). “Alá lo juzgará y permitirá que muera algún día; el gobierno no tiene el mandato de matarlo”, afirman algunos asesores legales.

Los Musulmanes fundamentalistas piensan de otro modo. Ellos exigen la aplicación total e inmediata de la Sharía y la ejecución de todo renegado sin piedad. Por esa razón, muchos nuevos creyentes en Cristo, acusados falsamente, son encarcelados, interrogados, torturados, y su liberación se retrasa durante meses, hasta que finalmente políticos o presidentes extranjeros interceden para conseguir su libertad. Durante su tiempo en prisión, a algunos se les promete: “Si vuelves a confesar el credo Islámico dos veces, serás liberado de inmediato.” Una madre encarcelada respondió: “Prefiero seguir presa con Jesucristo en lugar de cuidar de mis hijos sin Cristo.” Cuando el padre, por amor a sus hijos, confesó dos veces el credo Islámico, se burlaron de él y le dijeron: “Solo fingiste haber vuelto al Islam por tus hijos. En tu corazón sigues siendo Cristiano. Así que no serás liberado.”

La mayoría de los Cristianos en Occidente y en Corea desconocen lo que significa legalmente que un Musulmán se convierta al Cristianismo. Cuando un Estado liberal no ejecuta al renegado; su clan fundamentalista está obligado a borrar la mancha vergonzosa de su nombre y a eliminar la imagen de “impío”. En Arabia Saudita e Irán, así como en Pakistán y en otros Estados Islámicos conservadores, la pena de muerte se ejecuta públicamente a los renegados declarados. El antiguo rey de Marruecos, Hassan II, fue interrogado una ocasión por una delegación de Amnistía Internacional, respondió: “En nuestro país tenemos la ley fundamental: Alá, el rey y la patria. Cuando alguien viene y afirma que existe una religión mejor que el Islam, debemos examinarlo con especialistas médicos para ver si está en su sano juicio. Si es así y continúa propagando su incredulidad, debemos castigarlo.”

¿Son todos los Cristianos Musulmanes?
La tentación más astuta que enfrentará un nuevo creyente proviene, en algunos casos, de misioneros bien intencionados. En el Corán, aparecen dos versículos que afirman que todos los seguidores de Cristo eran Musulmanes (Suras Al ‘Imran 3:52 y Al-Ma’ida 5:111). Sin embargo, esos ingenuos lectores del Corán no se dieron cuenta de que esos dos versículos eran una trampa abierta, tendida por Mahoma a una delegación Cristiana del norte de Yemen. En esos textos, Mahoma hace que los apóstoles de Cristo confiesen que ellos ya eran buenos Musulmanes, de modo que el obispo y el rey de Wadi Nadjran entendieran: “Si los apóstoles de Jesús eran Musulmanes - ¡entonces nosotros también deberíamos ser Cristianos - Musulmanes! Así nos dejarán en paz y no seremos perseguidos.” Pero el rey y el obispo, estaban espiritualmente alertas y no cayeron en la trampa. Permanecieron Cristianos y unos años después, fueron sometidos y expulsados de su país. Hoy, el susurro tentador de Mahoma se ha difundido nuevamente por todos los países Islámicos: “No necesitas volverte abiertamente hacia Cristo de manera exclusiva. Cree en Alá y también en Mahoma. Puedes ser Musulmán y Cristiano al mismo tiempo. ¡Así como hay Judíos Mesiánicos, también puede haber Cristianos Musulmanes!”

Esos falsos profetas no conocen realmente el Islam ni han considerado las palabras decisivas de Jesús y del apóstol Pablo. El Islam es un espíritu anticristiano (1 Juan 2:21-25 y 4:1-5) y representa una revelación falsa, transmitida por un ángel caído (Gálatas 1:8-9). Los Musulmanes están atados por un espíritu colectivo y necesitan ser liberados por el poder de Cristo. Si alguien piensa que puede evangelizar a los Musulmanes sin el Hijo de Dios crucificado, será juzgado por las propias palabras de Jesús (Mateo 10:32-33; 16:23-25; Romanos 1:16-17; 1 Corintios 1:18-24, entre otros).

El difunto presidente sudanés Hassan al-Turabi aprovechó esos dos versículos del Corán y anunció oficialmente que todos los Cristianos en Sudán eran Musulmanes, y que los hombres Cristianos podían casarse con mujeres Musulmanas Sudanesas. Con esa política, siguió los pasos de Balaam, quien aconsejó a Balac que identificara a su pueblo mediante matrimonios mixtos con los israelitas. Así, las costumbres del clan absorberían a toda la élite israelita en pocos años (Números 31:16; 2 Pedro 2:15; Judas 11; Apocalipsis 2:14). Turabi fue condenado por los juristas religiosos de Arabia Saudita por su postura contraria al Islam.

Contextualización – ¿un error?
El propósito de los maestros de la contextualización es evidente: si un convertido aparenta seguir siendo Musulmán y continúa practicando el Islam exteriormente, pero en su interior es Cristiano, no sufrirá persecución, dolor ni muerte. Además, su iglesia será librada de problemas, peligros y sacrificios. Sin embargo, esos maestros ignoran el hecho de que no se puede mezclar el agua con el fuego, y que la noche huye del día. El anochecer aparece sólo como una transición, ¡no como un estado permanente de asuntos!

En Egipto, un misionero partidario de la contextualización ganó para Cristo a un oficial del servicio secreto y le aseguró que podía seguir siendo Musulmán y Cristiano al mismo tiempo. El oficial se sintió fascinado con la idea, ya que de ese modo tenía abiertas las puertas de ambas clases sociales. Logró ganar a muchos Musulmanes para este camino sincretista. Pero un año y medio después, sintió que no era ni pez ni carne: ni un buen Musulmán, ni un verdadero Cristiano. Finalmente, pidió ser bautizado en otra iglesia. Después de su bautismo, sus colegas del servicio secreto lo acusaron de haberse apartado del Islam y lo castigaron con las mismas torturas que él antes aplicaba a los renegados para obligarlos a regresar al Islam. Aun así, permaneció fiel a Jesús y logró escapar al extranjero con la ayuda de amigos.

Un tiempo después todo el grupo de contextualizadores estalló en cólera y acabó en prisión. Los periódicos publicaron artículos con titulares furiosos y burlones: “¡Lobos Cristianos con piel de oveja Islámica intentan seducir a Musulmanes ignorantes!” Las familias extranjeras detenidas fueron puestas en libertad por las embajadas de sus países semanas después y expulsadas de Egipto.

Esos amigos bienintencionados y crédulos quizá nunca advirtieron que la misión entre Musulmanes se entiende como seducción y como una perturbación de la paz. Según el Corán, esta ofensa es más grave que el asesinato (Sura al-Baqara 2:217). Quien cause disturbios en un país puede ser muerto o crucificado. Además, puede imponérsele la amputación de una mano y de la pierna opuesta, o puede ser expulsado del país (Sura al-Ma'ida 5:33). Según el Corán y la Sharía, la misión es un delito capital. Tanto los seductores como los seducidos deben ser condenados a muerte, ya sea que actuaran como misioneros “fabricantes de tiendas” (que se ganan la vida con un oficio) o que vivieran como Cristianos Musulmanes.

Un testigo de Cristo que se viste como Musulmán y finge ser Musulmán, pero que en realidad es siervo de Cristo, es considerado legalmente un Musulmán renegado según la ley Islámica y está sujeto a la pena de muerte. Además, es calificado como hipócrita, defraudador y hereje. Según la Sharía, puede ser ejecutado en el acto, sin necesidad de veredicto.

Un Musulmán a menudo desconoce en detalle las leyes de su Sharía. Quien sirve entre Musulmanes no debe guiar a los buscadores hacia Jesús de manera rápida ni superficial. Sobre todo, no deben ser bautizados demasiado pronto. Un joven creyente debe comprender lo que significa convertirse en Cristiano. La madurez espiritual es más importante que los informes atractivos sobre la cantidad de bautizados. ¡La calidad debe preceder a la cantidad!

Si alguien piensa en estos distintos pasos de cómo los Musulmanes individuales salen de religión Islámica, clan y familia, puede entender que un converso puede identificarse con las palabras del apóstol Pablo:

“Por amor a vosotros afrontamos la muerte cada día; somos considerados como ovejas para el matadero. Pero, en todas estas cosas, somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni lo presente ni lo futuro, ni potestades, ni altura ni profundidad, ni ninguna otra cosa en toda la creación podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro Señor.” (Romanos 8:36-39)

8.04 -- La integración de los conversos en las iglesias existentes

La integración en iglesias existentes suele ser la parte más delicada de los tres grandes problemas que pueden sufrir las personas de origen Islámico que siguen a Cristo. La mayoría de las iglesias ortodoxas, católicas romanas y protestantes en Asia y África, y a veces incluso en Europa, no están inclinadas a aceptar a nuevos creyentes procedentes del Islam. A continuación, se enumeran diversas razones para esa postura:

● A veces los Musulmanes esperan ayuda financiera y están dispuestos a cambiar de religión como quien se cambia una camiseta, pero de forma superficial y sólo mientras dure el dinero. “De quien comes el pan, su canto cantarás”. Ese principio también rige en el mundo del Islámico.

● De vez en cuando, una joven creyente en Cristo trae consigo a un joven Musulmán a bautizarse con la intención de casarse con él. Saben que un matrimonio mixto no es bien visto en su sociedad. Tal intención puede ser legítima en ambos lados, pero el clan, la ley y la sociedad se oponen. Este tipo de “conversión” suele ser deshonesta y puede causar muchos problemas.

● Según las normativas Islámicas sobre las minorías, cualquier tipo de labor misionera entre Musulmanes está prohibida a los Cristianos nativos (Suras al-Baqara 2:217; al-Ma'ida 5:33). Una parroquia que tolera el evangelismo entre Musulmanes por parte de alguno de sus miembros puede ser sancionada e eventualmente clausurada. Es comprensible que sacerdotes, pastores y obispos presten especial atención en que ningún miembro de su parroquia participe en trabajos evangelísticos entre Musulmanes, ni abiertamente ni por mandato del órgano de gobierno de su iglesia, porque de lo contrario su comunidad podría ser clausurada por el gobierno.

● Algunos equipos de evangelistas, extranjeros o nacionales, llevan ocasionalmente a Musulmanes interesados a una parroquia local para que el pastor los bautice y acoja al nuevo creyente. Luego se sorprenden de que los ancianos responsables no muestren ningún interés y se nieguen a aceptar al recién llegado. Esto es comprensible, ya que un equipo de alcance no debería trabajar sin el conocimiento de algunos ancianos, quienes promueven su servicio y lo apoyan. Esos ancianos deben ser informados de antemano, para que puedan apoyar las actividades del grupo mediante sus oraciones, y estén dispuestos a aceptar a los nuevos creyentes en sus familias, protegerlos de cualquier ataque y guiar sus próximos pasos.

● Un pájaro que quiere poner un huevo primero construye su nido, y no al revés. Todos los amigos que estén dispuestos a realizar un trabajo evangelístico en países Islámicos deben primero formar grupos de oración dentro o fuera de las iglesias existentes, que respalden los servicios, necesidades y responsabilidades posteriores. Quien reúne tales grupos de oración verá más fruto a largo plazo, que un aventurero que pronto abandone nuevamente el campo. En todas las iglesias hay algunas personas a favor del alcance entre no Cristianos; debes orar para encontrarlas.

La comunión con la comunidad
Cuando un Musulmán, durante su transformación espiritual y tras su dolorosa expulsión de su clan y de su sociedad, se atreve a acercarse a una comunidad de creyentes, o incluso a una iglesia, o intenta contactar con Cristianos, sacerdotes o pastores, a menudo queda profundamente conmocionado. Siente: ¡No confían en mí! Piensan que soy un mendigo, o que quiero seducir a una de sus jóvenes, o sospechan que soy un espía. ¡Es como si le echaran un balde de agua fría, justo cuando está a punto de entrar por la puerta del Cristianismo!

Por supuesto, los Musulmanes usan un vocabulario diferente en la vida cotidiana que la mayoría de los Cristianos y, aun cuando usan las mismas palabras, estas tienen significados distintos. Se visten y se comportan de distinta forma a los cristianos, por lo que los nativos perciben rápidamente las diferencias. Ambas partes sienten el muro invisible que los separa.

¡Lo primero que necesita un convertido es confianza, comprensión y amor! Hermanos y hermanas creyentes y de oración deben acercarse a él, conversar con él, invitarlo a sus hogares y hacerle sentir: ¡Eres uno de nosotros, pertenecemos juntos! Pero tal invitación no debe venir de una familia donde haya hijas en edad de casarse, porque en ese caso la invitación podría ser malinterpretada.

Sin embargo, la parroquia, debe ser el nido donde un convertido renacido pueda sentirse en casa. La comunión con aquellos que siguen a Jesús es para él el nuevo “nosotros” que busca y necesita tras haber sido expulsado de su clan. La parroquia es su nueva familia, fuera de la cual, pocos pueden sobrevivir. Es tan importante preparar a la comunidad para aceptar a los convertidos como alcanzarlos realmente.

Los ancianos y pastores no deben animar ni permitir que el nuevo creyente dé testimonio de su fe desde el púlpito o desde plataformas elevadas. Sería contraproducente hacerlo parecer grande o importante, pronto se desinflaría como un globo inflado en exceso. Deben asignársele pequeños servicios dentro de la comunidad y tareas de responsabilidad en el grupo, para que sienta que ha sido aceptado y tratado como los demás. Como nosotros, él es un pecador justificado por la gracia de Dios.

Cuando un convertido es aceptado por una familia de Cristianos, ellos también deben protegerlo. La hospitalidad en el Cercano Oriente es algo sagrado tanto para los Musulmanes como para los Cristianos. Hubo un hermano que se interpuso en la puerta ante los familiares que venían a vengarse y les dijo: “¡Solo por encima de mi cadáver podrán alcanzar a nuestro hermano fugitivo!” Ellos se marcharon sin éxito, frustrados por la costumbre árabe de la hospitalidad.

¡Con el sudor de tu frente comerás tu alimento!
Cuando un Musulmán se convierte al Cristianismo y aún vive en un barrio Musulmán, suele perder su trabajo, porque es considerado maldito por Alá, por sus ángeles y por todos los Musulmanes (Sura al-Baqara 2:161). Para ellos, se ha vuelto impuro (Sura al-Tawba 9:28). ¡Ningún Musulmán debe tener comunión con ese comedor de cerdo y bebedor de vino, ni darle un trabajo!

Es una tarea urgente para el pastor de una congregación o para un líder evangelístico encontrar o crear trabajos para los nuevos creyentes en Cristo. No basta con invitar a los nuevos convertidos a almorzar en las casas de las familias por turnos. A largo plazo, eso resulta degradante. Además, no se les deben dar pequeños o grandes obsequios de dinero, ya que eso sería considerado una deshonra para un Musulmán honorable. ¡No son mendigos, sino hermanos y hermanas! Lo que necesitan es un trabajo estable o capacitación en un oficio. Algunos de ellos incluso deben aprender a trabajar con esfuerzo. Hay muchos problemas en este ámbito.

Un pastor mandaba pintar el salón de su iglesia varias veces al año para crear trabajo para los conversos. Quería ayudarlos de cualquier manera y así darles la sensación de haber hecho un trabajo valioso. Otros pastores les pedían cortar leña, cavar en el jardín, limpiar la casa y el patio, trabajar como mensajeros, mecanografiar manuscritos, hacer traducciones, vender libros o hicieran otras tareas, para darles un trabajo real y no solo propina.

Los conversos a menudo carecen de formación profesional o de una educación escolar completa. Algunas señoritas necesitan capacitación en costura, los jóvenes en informática, licencias para conducir taxi o becas para terminar la escuela. Todo eso cuesta dinero. Ese dinero no debe entregarse incondicionalmente, sino ofrecerse solo como préstamos que deben ser devueltos. Al principio, no deben darse grandes sumas. Solo cuando se hayan devuelto fielmente pequeñas cantidades, se puede confiar en que se reembolsarán préstamos mayores. “El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; y el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto” (Lucas16:10).

En una ocasión, un Musulmán se presentó en una sociedad bíblica de un pueblo Islámico y pidió Biblias para venderlas en el mercado, en la acera. Ante la duda del vendedor, el Musulmán le dijo: “Pruébeme: deme solo dos Biblias, y luego le traeré el dinero de una de ellas; el dinero de la segunda lo conservaré como pago por mi trabajo”. Ese mismo día, el vendedor ambulante regresó con el dinero y recibió cuatro Biblias más para vender. Dos días después trajo el dinero de dos Biblias y recibió ocho. Fue fiel con las pequeñas cantidades, de modo que más tarde no hubo riesgo en confiarle 16 o 20 Biblias, las cuales vendía en el mercado abierto, donde ningún Cristiano se atrevería a ofrecer Biblias.

Cuando es necesario encontrar o crear nuevos empleos, ha resultado valioso contar con un grupo de oración que respalde al equipo evangelístico. Como la mayoría de los intercesores también trabajan, son quienes más probablemente sabrán dónde y cuándo hay vacantes.

Un trabajo evangelístico entre Musulmanes no solo implica consejería espiritual, sino también atender sus necesidades físicas. Después de que un equipo de estudiantes de un instituto bíblico, que había servido en la isla de Fort Lamy, en el océano Índico, regresara desanimado y abatido tras una cruzada infructuosa, un joven Musulmán de esa isla apareció una semana después en la puerta de uno de los estudiantes. Le contó que había recogido y leído uno de los folletos que habían sido tirados al suelo, y que, solo por ese interés, había sido expulsado por los fanáticos isleños. El estudiante del instituto bíblico, en cuya puerta había llamado el joven expulsado, consultó a su maestro: ¿Qué debo hacer ahora con este joven? Al oír la respuesta: Has encontrado a un hermano. Respondió rápidamente: ¡Sí, un hermano espiritual! Entonces le preguntaron qué haría si su propio hermano biológico llamara a su puerta como fugitivo. Él respondió: Abriría puerta de par en par y le diría: “Mi cama es tu cama, y mi refrigerador está abierto para ti”. Cuando el estudiante entendió que ese Musulmán expulsado no era solo un hermano espiritual, sino también su verdadero hermano en Cristo, por quien debía responsabilizarse, inclinó la cabeza avergonzado. Comprendió entonces que la misión entre Musulmanes no solo significa servicio espiritual con la Palabra, sino también sacrificios reales y tangibles.

¡No es bueno que un hombre esté solo!
En el mundo Islámico cualquier persona que aún no esté casada, ya sea un joven o una mujer de 30 años, es vista con recelo por su propio clan y amigos, y se considera que es poco saludable o anormal. Es necesario que cualquier converso, hombre o mujer, encuentre un compañero de matrimonio que crea en Cristo.

Varios Musulmanes consideran el bautismo solo como una de las muchas abluciones que un Musulmán debe realizar antes de orar. Pero cuando se casa con una mujer Cristiana, la ruptura entre él y su clan y la sociedad Islámica (Umma) es definitiva. Casarse con una mujer Cristiana significa un alejamiento más profundo para muchos Musulmanes que el propio bautismo.

Es una lástima que los padres Cristianos rara vez permitan que sus hijas se casen con un converso. Temen su estilo de vida Islámico, que pueda golpear a su hija. En caso de que pronuncie la profesión de fe Islámica dos veces en un momento de ira, podría recaer en el Islam. Entonces todos los hijos le pertenecerían a él únicamente, y su esposa solo podría heredar una octava parte de sus bienes comunes.

Por otro lado, las jóvenes Musulmanas que se han convertido prefieren casarse con Cristianos extranjeros para poder emigrar. Así dejan solos a los creyentes nativos, sin casarse. Por ello, estos últimos se ven obligados a casarse con chicas Musulmanas. Entonces la fe de un converso corre peligro, porque su esposa Musulmana puede pedir el divorcio en cualquier momento, y todos sus hijos y bienes pasarían a ser de ella.

Se necesita la sabiduría y guía misericordiosa de Jesucristo para que dos parejas creyentes –preferiblemente ambos provenientes del Islam– se encuentren. Solo así se asegura una vida familiar bendecida en el nombre de Jesús. Esto también puede ser la base para una nueva iglesia doméstica. Solo si ambos están de acuerdo en asumir el riesgo de reuniones secretas en su hogar, estas reuniones pueden llevarse a cabo. Si se descubren, ambos podrían ser encarcelados y sus bienes confiscados. El matrimonio en el nombre de Jesucristo tiene consecuencias de gran alcance y es un camino para fundar nuevas iglesias en casa.

Los hermanos y hermanas responsables de las iglesias existentes deberían facilitar contactos entre jóvenes cristianos y muchachas en edad de casarse, para que puedan conocerse y conversar. Esto es bastante complicado en las zonas rurales Islámicas, pero ya no representa problema en las grandes ciudades. La forma en que los jóvenes conviven en universidades, bibliotecas, aeropuertos y parques muestra claramente la tendencia.

Un ejemplo, que puede parecer anticuado, puede desafiarnos a hacerlo mejor:

En Marruecos vivía un apuesto hombre cristiano que era director de una escuela. No podía encontrar una compañera adecuada para su vida. Entonces dijo: “He hecho ‘el vínculo de Adán’ con Dios. Así como el Creador hizo que Adán cayera en un sueño profundo, luego tomó una de sus costillas y creó a Eva a partir de ella, la mujer más hermosa del mundo, y se la presentó, de la misma manera yo ya no buscaré esposa, sino que esperaré que el Señor me presente a la mejor de todas.”

Y el Señor le envió a una anciana misionera que lo saludó y dijo: “¡Emir, es hora de casarse!” Él respondió: “¡Gracias al Señor!” Ella continuó: “Tengo una lista con los nombres de 80 chicas Cristianas que todas quieren casarse con un seguidor de Cristo.” — “Excelente”, respondió Emir. La anciana siguió: “Ahora elige una de ellas para ti.” Emir dijo: “Pero no conozco a estas chicas.” La misionera respondió: “Eso no importa. Toma tu lápiz, cierra los ojos, ora y deja que tu mano caiga sobre el papel. La chica sobre la que apunte la punta de tu lápiz es la que el Señor ha preparado para ti.” Emir exclamó: “¡Me estoy muriendo!” La anciana contestó: “No importa. Ahora es tiempo de casarse.” Emir suspiró, tomó un lápiz, dejó que su mano temblorosa cayera sobre el papel, abrió los ojos y leyó el nombre de la elegida. “¿Dónde vive?” preguntó con asombro. “A 500 km de aquí, al sur, en la costa,” fue la respuesta. “Toma tu coche, ve a buscarla y dile: ‘Dios me envió a ti para que podamos casarnos.'”

Medio conmocionado, Emir tomó su coche, se puso en camino, llegó al lugar donde ella vivía, encontró su casa, tocó el timbre y —un milagro— ¡ella estaba en casa! Tartamudeó su mensaje y, en efcto, se casaron poco tiempo después.

Sin embargo, después de algunos meses, Emir escribió a sus amigos: “Oren por mí para que aprenda a amar a mi esposa, porque es testaruda y no quiere lo que yo quiero, y cuando ella quiere algo, yo no lo quiero. Nuestra vida se ha convertido en un morir continuo. Como Cristiano, no quiero golpearla ni divorciarme. Oren para que aprenda a amar a mi esposa obstinada.” — Hoy tienen varios hijos y son una pareja bendecida, después de haber desgastado juntos los bordes más afilados de sus caracteres.

No todo el mundo admirará el método de aquella anciana misionera, y nosotros tampoco lo recomendamos ni lo aplicamos. ¡Pero ella unió en matrimonio a más parejas Cristianas que muchos teólogos inteligentes! Muchos jóvenes han suspirado y dicho: “¡Ojalá el Señor me enviara a mí también un ángel así!”

En países puramente Islámicos como Marruecos, no existen matrimonios civiles; solo pueden celebrarse ante el jeque en su oficina. Pero en la mayoría de los casos, un regalo especial ayuda a que firme el papel necesario sin estar presente en la ceremonia, de modo que nadie tenga que poner la mano sobre el Corán. Sin embargo, los hijos de tal matrimonio siguen siendo Musulmanes. En países como Marruecos, no hay manera legal de cambiar la afiliación religiosa registrada en el pasaporte.

Cuando un converso y una mujer creyente se casan, esto también significa en muchos países Islámicos que se unen dos clanes. Son necesarias conversaciones, investigaciones y negociaciones hasta que se pague la dote de la novia y todas las partes estén conformes. Tras la ceremonia familiar que une a los dos clanes, las parejas jóvenes Cristianas suelen celebrar un segundo rito matrimonial en su iglesia subterránea, que consideran el verdadero comienzo de su vida conyugal.

Además del problema de encontrar a la pareja adecuada, a menudo surgen otros problemas en los países islámicos:

Los conversos casados a veces no pueden ser aceptados en las congregaciones porque tienen cuatro esposas y numerosos hijos. En Sudán, una parroquia decidió bautizar a estas grandes familias y aceptarlas si el cabeza de familia confesaba ante la comunidad que pecó sin saberlo y siguió una ley equivocada. No puede divorciarse de sus esposas ni hijos porque es responsable de ellos. Debe consentir abiertamente que, en su situación no bíblica, no puede asumir responsabilidades como anciano de la iglesia.

En India, un médico con cuatro esposas y 20 hijos se convirtió al Cristianismo. Decidió evangelizar a sus esposas y quedarse con la que aceptara el Evangelio. Se divorció de todas las demás que rechazaron al Hijo de Dios, pero mantuvo a todos los hijos con él. La venganza del hijo mayor de una de las madres despedidas fue enterrar a su padre, tras su muerte, según la tradición Islámica.

Unirse a una parroquia, encontrar un trabajo y llevar a cabo un matrimonio Cristiano son tres pasos importantes para integrar a los conversos en una iglesia Cristiana. Los problemas relacionados con estos pasos prácticos a veces requieren más oración, fe, tiempo y fuerza que la evangelización del Musulmán y su separación del clan. Muchos conversos ocultan su fe en Jesucristo a sus familiares, parcial o totalmente, hasta que son autosuficientes y pueden vivir su fe con su pareja cristiana.

Desarrollos críticos
Después de su conversión a Cristo, un joven converso aún está lejos de ser un Cristiano maduro. Necesita tiempo para crecer en la fe, en el amor y en la esperanza. Debe, al igual que nosotros, leer la Biblia regularmente y tomar sus decisiones en oración. Debe aprender a perdonar a los demás, así como Jesús nos ha perdonado (Mateo 6:14-15). Está incluida la orden de Cristo de no juzgar las ofensas de otros (Mateo 7:1-5).

Un converso nota rápidamente las debilidades de otros Cristianos. Ve cómo el pastor sube al púlpito con la cabeza en alto y predica desde allí con un tono diferente de su forma habitual de hablar. Observa que hay Cristianos ricos y pobres en la iglesia, y que los ricos son más respetados, mientras que los pobres son pasados por alto y apenas notados. El desfile de modas durante el servicio dominical le resulta tan evidente como las conversaciones a espaldas de quienes no están presentes. Pero cuando aparece la persona de la que han hablado, todos fingen ser muy amables. “¡Son unos hipócritas!”, el converso dice: Algunos pastores se comportan como pavos reales que exhiben sus plumas. Se ve poco amor, mucho orgullo e indiferencia. Pronto dirá: “¡Los Cristianos no son mejores que los Musulmanes! Hay divisiones, ambición y crudeza por todas partes.”

Lo que un converso debe aprender es el secreto del perdón mutuo, de la oración por los demás, de la negación de sí mismo, de la autoacusación ante Dios y de la humildad espiritual. El secreto del Cristianismo es perdonar, ¡no ser perfecto! Debemos perdonar a un hermano o hermana diariamente hasta 490 veces.

Por otro lado, los llamados Cristianos “maduros” deben aprender a no condenar a los conversos apresuradamente. Muchas frases Islámicas cruzan sus labios, mejor no pronunciarlas. En su vida matrimonial, deben morir los modales pachá de los esposos y deben crecer la voluntad de servir a otros al estilo de Cristo. Necesitan tiempo para aprender a trabajar con ahínco ocho horas al día, para poder ganarse la vida para sus familias. En política, no deben condenar a sus adversarios, sino amarlos y orar por ellos. El odio colectivo de la gente hacia los estados vecinos necesita una profunda redención. La propaganda sucia en televisión, revistas y carteles exige el poder del Espíritu Santo para apagar la televisión y vencer los sueños impuros que de ella provienen. La pasividad en el fatalismo debe ser conquistada por una responsabilidad consciente en Cristo. Sin santificación, un converso tampoco verá a su Señor.

¿Dónde está la solución a estos problemas? Como Cristianos, necesitamos los ojos de una madre al tratar con conversos, no los ojos de un oficial de policía. Este ve la ofensa y escribe su informe. Una madre también ve los errores de su hijo, pero los corrige con amor y esperanza de que mejore.

Una madre cambia los pañales de su bebé varias veces al día. Esa no es una tarea agradable. Pero la madre, y a veces también el padre, realizan esta tarea de amor como algo natural. ¿Por cuánto tiempo? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Tres meses? ¿Y luego se cansan y tiran los pañales junto con el bebé a la basura? ¡Imposible, sería perverso! ¿Por qué? Una madre es una madre y un padre es un padre. Limpian a su hijo muchas veces, durante un año, dos años o más, si es necesario. Un amor profundo los impulsa a hacerlo.

Debemos servir espiritualmente a un exmusulmán durante años para que se convierta en un Cristiano plenamente formado, santificado y preparado para servir en el nombre de Jesús. El poder continuo del Hijo de Dios es más fuerte de lo que pensamos: Todo aquel que nace de Dios vence al mundo. Esta es la victoria que ha vencido al mundo, incluso nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo? Solo aquel que cree que Jesús es el Hijo de Dios. (1 Juan 5:4-5)

El amor de Jesucristo nos impulsa a seguir sirviendo a quienes han abandonado el espíritu y las costumbres del Islam y han aceptado el carácter de Cristo. El ejemplo y la fidelidad de muchos Cristianos es decisivo, como escribió el Pastor Iskander Jadeed, un exmusulmán:

Si todos los Cristianos fueran verdaderos Cristianos,
ningún Musulmán permanecería Musulmán por más tiempo.

8.05 -- CUESTIONARIO

Querido lector:

Si has estudiado este folleto con atención, podrás responder fácilmente las siguientes preguntas. Si respondes correctamente el 90 por ciento de todas las preguntas de los ocho folletos de esta serie podrás obtener un certificado de nuestro centro de:

Estudios Avanzados
en formas eficaces de entablar conversaciones con musulmanes sobre Cristo Jesús

como un estímulo para tu futuro servicio a Cristo.

  1. ¿Cuáles son las tres principales barreras que los siervos del Señor deben superar para guiar a un Musulmán a Cristo?
  2. ¿Cuál es el mayor problema que separa al Islam del cristianismo?
  3. ¿Quién es Alá en el Islam?
  4. ¿Qué ofrece el Padre de Jesucristo a sus hijos que los Musulmanes no conocen?
  5. ¿Por qué Alá en el Islam nunca puede ser considerado nuestro Padre celestial?
  6. ¿Qué significa la gracia en el Islam y qué significa en el Cristianismo?
  7. ¿Por qué un Musulmán puede pedirle a Alá que perdone sus errores pero, al mismo tiempo, casi nunca se considera a sí mismo un pecador?
  8. ¿Cuál es la diferencia entre estar predestinado en el Islam y ser escogido en el Cristianismo? ¿Por qué los Musulmanes a menudo “explotan” emocionalmente a pesar de su fatalismo, mientras que los cristianos árabes tienden a ser más activos, limpios y pacientes?
  9. ¿Por qué no existe el Espíritu de Verdad en el Islam? ¿En qué circunstancias permiten los lineamientos de la Sharía que un Musulmán mienta e incluso rompa juramentos?
  10. ¿Cuáles son las diferencias entre la poligamia Musulmana y la monogamia Cristiana? 
  11. ¿Cómo se imparten las clases en las escuelas bajo maestros Coránicos? ¿Por qué los niños allí adquieren más conocimientos que habilidades de razonamiento y resolución de problemas?
  12. ¿Por qué el Corán y la Sharía no han abolido la esclavitud, de modo que los Musulmanes del Oeste de Sudán hoy pueden poseer esclavos legalmente? ¿Cómo influye el espíritu que subyace a estos principios en las relaciones entre los dueños de fábricas o fincas y sus respectivos trabajadores?
  13. ¿Por qué la democracia siempre permanecerá siendo Antiislámica? ¿Por qué la guerra santa en el Islam busca invariablemente establecer un estado religioso?
  14. ¿Cuánto tiempo tarda un musulmán en reestructurar su mente, abandonar su cultura Islámica y convertirse en un Cristiano maduro? ¿Por qué la contextualización superficial es contraproducente en la difusión bíblica entre los Musulmanes?
  15. ¿Qué significa que muchos Musulmanes todavía vivan bajo la esclavitud de sus clanes y no se hayan convertido en individuos? ¿Cómo debe influir esta realidad en la estrategia de nuestro alcance?
  16. ¿Dónde dice el Corán que los Musulmanes no deben tener a Judíos o Cristianos como amigos o socios comerciales?
  17. ¿Por qué una familia Musulmana puede permitir que sus miembros lean literatura Cristiana pero casi nunca permitirles que se conviertan al Cristianismo? ¿Quién en el clan suele ser elegido para advertir a los buscadores que no sigan a Cristo por fe?
  18. ¿Qué larga lista de castigos impondrán los padres conservadores para salvar a sus hijos o parientes de abandonar el Islam?
  19. ¿Por qué un convertido no debería abandonar a sus padres y familia Musulmana demasiado pronto? ¿Cómo debería comportarse si no puede hablar abiertamente de su nueva fe? 
  20. ¿Qué porcentaje de Musulmanes son liberales y cuántos tienden a ser conservadores, obedeciendo al Corán y a la Sharía?
  21. ¿Cómo puede un Musulmán descubrir qué libros que afirman ser de origen celestial contienen una verdadera revelación? ¿Es el Corán un libro de inspiración divina?
  22. ¿Cuáles son los tres pecados en el Islam que jamás pueden ser perdonados? ¿Qué significa esto para un convertido cuando es llamado a Cristo?
  23. ¿Por qué todo convertido del Islam al Cristianismo es considerado legalmente condenado a muerte, incluso si el Corán no exige su ejecución?
  24. ¿Son todos los Cristianos “Musulmanes”, como afirma el Corán? ¿Cuál es el objetivo de esta trampa Musulmana y qué peligros conlleva ésta?.
  25. ¿Cómo debe distinguirse la contextualización bíblica de la contextualización no bíblica y humanista? (lee Mateo16:21-23)
  26. ¿Por qué el amor sin verdad es una mentira y la verdad sin amor mata?
  27. ¿Dónde se pueden encontrar muchas iglesias que no están preparadas para aceptar convertidos del Islam en su membresía?
  28. ¿Cuáles son las principales razones por las que los líderes y ancianos de las iglesias dudan en aceptar convertidos del Islam en sus comunidades? ¿Cómo podemos superar esta terrible actitud? 
  29. ¿Cómo debemos recibir a los fieles convertidos en nuestras congregaciones para que se sientan en casa con nosotros y encuentren su nuevo clan y “nido” en comunión con nosotros?  
  30. ¿Por qué es más útil en algunos países Musulmanes reunir primero a los buscadores en comunidades satélite antes de llevarlos a las reuniones principales de la iglesia?
  31. ¿Por qué deberían los ancianos de la iglesia ofrecer empleos a los conversos y cómo deberían prepararse para una vocación los conversos sin formación? ¿Por qué deben aprender a trabajar tan duro como nosotros?
  32. ¿Por qué no debemos ofrecer a los buscadores o convertidos regalos financieros incondicionales (Propina) y, en su lugar, ayudarlos con pequeños préstamos?
  33. ¿Cómo debemos ayudar a los convertidos del Islam a encontrar un cónyuge Cristiano para el matrimonio? ¿Por qué las familias Musulmanas a menudo consideran el matrimonio con un creyente Cristiano más serio que el bautismo?
  34. ¿Por qué un matrimonio cristiano en algunos países Musulmanes no es posible ni legalmente válido, de modo que los seguidores de Cristo y sus hijos deben seguir siendo Musulmanes según sus pasaportes?
  35. ¿Qué debe decidir la junta de una iglesia si un Musulmán con dos, tres o cuatro esposas pide el bautismo? ¿Debe divorciarse de sus esposas adicionales? ¿Y qué pasa con los hijos de las diferentes esposas?
  36. ¿Por qué un convertido del Islam debe casarse con un creyente Cristiano y no con un Musulmán? ¿Cuál es el resultado probable en cada caso?
  37. ¿Por qué los convertidos Musulmanes suelen escandalizarse por el comportamiento de los líderes y miembros de la iglesia? ¿Cuál es el secreto espiritual en una comunidad Cristiana?
  38. ¿Qué errores en el comportamiento de los convertidos del Islam pueden escandalizar a algunos Cristianos conservadores?
  39. ¿Durante cuánto tiempo debe perdonarse a un convertido sus errores graves mientras se le sigue considerando un verdadero Cristiano?
  40. ¿Cuál es el gran secreto para un alcance exitoso entre los Musulmanes? ¿Por qué el seguimiento requiere más tiempo que la evangelización?

Todo participante en este cuestionario puede usar cualquier libro que tenga a su disposición y consultar a cualquier persona de confianza que conozca para responder estas preguntas. Esperamos tus respuestas escritas, incluyendo tu dirección completa en el papel o en tu correo electrónico. ¡Oramos por ti a Jesús, el Señor viviente, para que él te llame, te envíe, te guíe, te fortalezca, te proteja y esté contigo cada día de tu vida!

Tuyos en el servicio del Señor Jesucristo,

Abd al-Masih y sus hermanos en el Señor

Envía tus respuestas a:

GRACE AND TRUTH
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o por correo electrónico a:

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